Golpe tras golpe nos ha dado este 2020, pero en esta ocasión el golpe es mayor para la comunidad latina. ¿Nunca te has puesto a pensar en que hay personas que uno como que no espera que vayan a morir? Por ejemplo, cuando el maestro de la comedia blanca Roberto Gómez Bolaños partió, uno se quedó como desconcertado, como que no se logra procesar la información porque pareciera que nuestro cerebro no puede conectar una tragedia con figuras que siempre asociábamos con risas y carcajadas. Pero también esos ídolos parten para siempre y quizá el mundo no fue lo suficientemente agradecido con ellos por toda la felicidad que nos brindaron.

En este 22 de abril de 2020 nos da mucho pesar informar el fallecimiento de Marcos Mundstock, uno de los rostros más representativos del grupo de comedia musical argentino Les Luthiers. El que era conocido por ser el maestro de ceremonias de los espectáculos de este grupo y por su voz grave e imponente, estaba batallando con una enfermedad que se le diagnosticó desde el año anterior y que por fin logró vencerlo a las edad de 77 años.

No hay detalles mayores sobre esta enfermedad por el momento, las personas cercanas a él no han brindado muchas explicaciones, pero se sabe le estaba afectando severamente la movilidad y fue entonces cuando Mundstock decidió retirarse de los escenarios por tiempo indefinido. Su fallecimiento es el tercero que golpea a esta agrupación, después de Gerardo Masana en 1973 (a los 36 años) y Daniel Rabinovich en 2015 (a los 71).

Incomparable es el legado que Marcos Mundstock deja en la comedia y en la música (aunque sus intervenciones musicales no fueron tantas) y no solo en su faceta de actor, sino que se encargó de muchísimos guiones brillantes dotados de juegos de palabras, lo cual era su fuerte. Él fue uno de los mayores responsables de que el grupo siempre mantuviera esa sutileza, esa elegancia y esa crítica fina que los caracterizaba.

Otro integrante de este maravilloso grupo ha partido, lo describían como divertido y punzante, tranquilo y conciliador, entrañable y atento; sólo subía la voz para cantar. Siempre en paz consigo mismo y con aquellos que lo rodeaban, disfrutaba mucho de su trabajo y era considerado un leal amigo para aquellos que se lo ganaban. Hasta siempre Mundstock, te honramos con una palabra oculta que se forma tomando la primera letra de los párrafos de esta nota, porque eso fuiste y siempre serás. Gracias por tanto.

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