Super Campeones, Dragon Ball, Ranma 1/2 o cualquiera de las fábulas japonesas del momento, no había nada mejor que salir rápido de la escuela, montarse a la buseta y esperar llegar a tiempo para poder encender el tele y ver el episodio del día en canal 4. Aunque la gran mayoría de este tipo de programas estaban enfocados a los “varoncitos”, muchas de nosotras nos alejamos de las preferencias de nuestras mamás y las vimos tanto como ellos.

¿Ustedes sabían que la estabilidad de género se descubre entre los 4 y 5 años? Esto básicamente es cuando somos conscientes que pertenecemos a un género el cuál ya está «establecido». Después de los 4 – 5  años comenzamos a vivir desde nuestro género, niños y niñas nos comenzamos a separar y nos convertimos nosotros mismos en verdugos del género excluyendo a quienes se alejan de su vestido rosa o su bola azul.

Recuerdo una vez en casa de mi abuela, yo tenía 5 años y mis primos y yo estábamos viendo Super Campeones, cuando terminó decidimos ir a jugar. Mientras mis primos discutían por quién iba a ser Oliver y quién iba a ser Benji, yo les dije que yo quería ser Steve Hyuga porque era mi personaje favorito y quería hacer la patada del tigre; ambos se volvieron a ver y entre risas con tono prepotente me dijeron: “¿Cómo va a ser usted Steve Hyuga si es mujer? A usted le toca ser Patty y hacernos porras”. Yo odiaba a Patty. Terminé llorando mientras ellos jugaban.

Esta fue solo una de las muchas veces en donde esto me pasó, tuve que ser la Power Ranger Rosada aunque quería ser el Azul, me tocó no jugar del todo porque era un juego de chiquitos y “las mujeres no juegan eso”. Ya fuera en la escuela o entre familia esto pasaba mucho y cada vez que pasaba me hacía enojar. ¡Yo solo no lo entendía! para mí no tenía nada que ver una cosa con la otra, ¿porqué usted si puede ser Piccolo si claramente NO es un namekusei pero yo no puedo ser Vegeta porque soy mujer?

Muchas de las veces que esto pasaba decidí acudir a mi mamá y mi tía para que regañaran a mis primos y me dejaran jugar. Lo único que recibí fue una explicación de por qué era mejor que yo no jugara a esas cosas ya que luego me golpeaban, “los varones son muy bruscos, mejor usted juegue a otra cosa”.

Al crecer como niña (o por lo menos así fue en mis años), lo que más nos convenía era no tener ciertos gustos. Era mejor para nosotras que en serio amaramos las Barbies ya que eso era lo que íbamos a recibir. Con los años me di cuenta de lo negativo que pudo ser para mi crecer con este tipo de fábulas y gustos, ya que ninguna de ellas me tomaba en cuenta como público, ninguna me presentaba figuras femeninas poderosas y las pocas que lo hacían lo contrastaba muchas veces con una objetivización sexual.

La primera fábula así que vi fue Super Campeones como a los 3 años, a esa edad nunca me pregunté porque no habían chiquitas jugando fútbol con ellos, a esa edad la diferencia de género no existía fuera de lo que me enseñaban. Para mi no estaba mal querer ser como Steve Hyuga o como Richard Tex Tex porque, a como yo lo veía, lo que importaba era que ellos eran los más chivas, no que ellos eran hombres y yo mujer.

Luego conocí Dragon Ball y lo empecé a ver a escondidas de mi mamá. Yo tenía como 5 años cuando la vi por primera vez. Mis personajes favoritos nunca fueron chicas pero me caía bien Bulma, era muy inteligente, lastima que lo único que le importaba era conseguir un novio y casarse, de fijo cuando jugábamos yo no quería ser ella. Me daba mucha risa Goku, pero el personaje del Maestro Roshi me hacía sentir incómoda, siempre pensé que así debía de verse el “viejillo” que le decían a uno las mamás que robaba chiquitas. No me gustaba las cosas que le decía y hacía a Bulma, ahora se que eso se llama acoso sexual y que en ese entonces Bulma era menor de edad.

Una vez que comencé a ver Dragon Ball Z recuerdo que me puse muy triste de lo que había pasado con Milk, una princesa guerrera super fuerte convertida en una mamá aburrida, “ojala cuando a mi me toque ser mamá no me convierta en una de esas que son aburridas”. En ese entonces ni siquiera pensaba que uno pudiera no ser mamá o no casarse, ese era el único destino que yo le conocía a las mujeres.

Como un respiro llegó a mi Ranma 1/2 ya estando en la escuela. A diferencia de las demás yo sentía empatía por los personajes femeninos, yo quería ser como Akane o Shampoo, inclusive si quería podía ser Ranma chica y por primera vez ser la principal de la serie. Ranma 1/2 fue realmente importante dentro del espectro de programas para varones por ser la única con una propuesta de género distinta.

Durante la serie Akane vivía una constante lucha contra el género masculino; intentando huir de un matrimonio arreglado por su padre quien le decía constantemente que fuera más como su hermana Kasumi (la ama de casa), escapando de hombres que la perseguían “románticamente” o peleando contra el constante acoso sexual del maestro Happosai (de nuevo, un pequeño viejo pervertido que acosa sexualmente niñas como pasatiempo). Estas situaciones “humorísticas” dentro de la serie causaban que se opacara la fuerza e inteligencia de su personaje. Sus logros y momentos de empoderamiento femenino eran muchas veces seguidos por un chiste sexual o minimizados por un regaño de su padre o de sus hermanas (ya que ella no debía entrenar o pelear, se debía casar).

En mi búsqueda subconsciente de personajes femeninos poderosos dentro de este tipo de programas descubrí Sailor Moon. Esta serie la conocí, al igual que Thundercats y Mazinger, gracias a los DVDs quemados de mi tío. Para mi sorpresa era un programa parecido a los otros que me gustaban (así como con letras chinas y ojos grandes) pero con la gran diferencia de que era acerca de chicas con poderes que peleaban contra el mal. “Esta va a ser mi nueva serie favorita” pensé.

Finalmente Sailor Moon no era como las otras series pero con chicas, la agenda temática de la cotidianidad de los personajes giraba entorno a muchos estereotipos de género al igual que las prioridades de los personajes. El cuarto capítulo de la serie trata de como Serena (Sailor Moon) comienza una dieta y se obsesiona por bajar de peso para ser bonita y solo cambia de parecer cuando el chico que le gusta le dice que él prefiere que las chicas no sean tan delgadas. Cosas como estas sucedían sutilmente dentro de la serie, cosas que van totalmente en contra de muchas de mis creencias actuales.

Lisander Martínez desarrolló un artículo muy interesante que se llama: “No todo lo que brilla en Sailor Moon es feminismo”. En este ella explica justamente que el universo de esta serie es Feminocentrista, un concepto que no está relacionado intrínsecamente con el feminismo. Sailor Moon se representa dentro del Joshiryuku que significa “Poder femenino”, un concepto que aunque suene muy feminista no lo es. En su artículo Lisander explica que las chicas con Joshiryoku son quienes tienen muchas cualidades estereotípicamente femeninas; vestirse bien, cocinar bien, verse bien y ser fascinantes. En Japón el Joshiryoku se enfoca en la validación por parte de los chicos hacia la forma de ser de una chica.

Por dicha (?) de pequeña nada de esto me importaba, dejaba pasar lo que no me gustaba ya que para mí eran un programa de chicas fuertes que peleaban contra el mal, me encantaba sentir que podía ser Sailor Mercury o Mars y mi género no me lo iba a impedir. Los años pasaron y pude adentrarme realmente en el mundo de la animación japonesa y conocer todas esas historias que esta cultura tiene para mi; desde entonces continuo explorando, ahora con criterio, más y más historias que me brinden por los cuales decir: ¡Yo quiero ser ella!

Ahora en retrospectiva no logro decidirme si fue algo negativo o positivo crecer rodeada de todo esto, tal vez si me hubiera mantenido al margen habría tenido una infancia con menos chichas y más amigas; tal vez crecer con gustos de varoncitos me ayudó a crear carácter y autoestima; no hay forma de saber realmente qué tan positivo o negativo fue, lo que sé es que no me pasó solo a mi.

Fuimos muchas las excluidas por ser niñas; a algunas no las dejaron usar el segundo control del Play, a otras no las dejaron jugar bola en el recreo, a mi no me dejaron ser ni Vegeta ni Steve Hyuga. Esta exclusión por nuestro género que conocimos de niñas fue el primer encuentro con la lucha contra la desigualdad que llevamos las mujeres.  Esto que me pasó a mí, o a usted, no es justo y nunca lo va a ser; pero fue ahí donde nació esas ganas de seguir llevándole la contraria al mundo.

 

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