El siguiente artículo está basado en tres fuentes bibliográficas:

  • Gung-Fu: el filosófico arte de la autodefensa – de Bruce Lee.
  • El poder del ahora – de Eckharth Tolle.
  • El libro de los 5 anillos – de Miyamoto Musashi (bases filosóficas de la película “The Last Samurai” con Tom Cruise.

Para contarles de dónde viene el poder de Saitama de matar todo de un solo golpe, primero debo situarlos en la sabiduría de estos tres textos, así que, como si ustedes fuesen también un sabio filósofo marcial, tengan paciencia y aprenderán mucho. Los que están acostumbrados a mis artículos, sabrán que suelo ponerlo siempre primero en contexto, pero una vez allí, cuando llegamos a la conclusión, verán que mi tesis adquiere sentido y está argumentada.

Entonces, pongámonos en nuestros modos de artes marciales filosóficas y empecemos esta aventura de develar de una vez por todas El origen del poder de Saitama en las Artes Marciales Filosóficas.

El poder del ahora – de Eckarth Tolle

Como todos los grandes filósofos, ya sean pensadores o marciales, llegan a cierto conocimiento por una epifanía. La de Tolle es muy interesante: este señor cuenta, que sus primeros 30 años de vida los vivió padeciendo de ataques de ansiedad y estados de depresión suicida por múltiples circunstancias de vida más o menos graves, según el juicio de cada quien. Cuenta que, al cumplir los 29 años, se despertó una madrugada con el ataque de ansiedad y desolación más fuerte de su vida, todo lo del mundo le parecía ajeno: la cama, la mesa, el tren que pasaba y las sombras que se hacían; pero, más que todo, su existencia era lo que le parecía ajeno y efímero. Se preguntaba el porqué de la vida, cuál era el sentido de la misma, el para qué vivir y su deseo de morir se volvía cada vez más fuerte que el instinto humano-animal que tenemos todos los seres vivos por la supervivencia. En esa noche, para intentar convencerse de suicidarse, se repetía a sí mismo: “No puedo vivir conmigo mismo, no puedo vivir conmigo mismo, no puedo vivir conmigo mismo…”.

A la derecha Eckarth Tolle

¡Y bam!, en ese momento tuvo la revelación de su vida: si no podía vivir consigo mismo, es que habían “consigo y mismo” (en inglés “my and self”), es decir, que habían dos entes dentro de sí pero, ¿cuál era el verdadero? En ese instante, se dio cuenta de que esto a lo que llamaban “conciencia” o el saber que algo no estaba bien, no era un solo ser que se engañaba a sí mismo, sino un ser que sabe qué es lo correcto y otro que lo sabotea, comprendiendo que, en el ser humano, habita un yo superior conectado con la naturaleza y el universo; y el yo inferior: una mente contaminada de los estímulos externos de la sociedad. Por primera vez en esos 30 años se sintió pleno, completo y se convirtió en lo que él llama un observador de su yo inferior, el cual, trataba siempre de compararlo con los demás, sentirse fracasado, infeliz y desconectado de la naturaleza, y aunque su cuerpo, corazón y mente sintieran un dolor profundo, se dio cuenta de que no era él quien lo provocaba, que al igual que los animales de la naturaleza, es antinatural sentirse infeliz y querer morir por culpa de prejuicios, vacíos y sentimientos negativos emocionales; si un animal se queda sin pareja, sin alimento o sin una pata, buscará en todos los medios ser feliz y puede sentir dolor, pero es por hambre física, no porque su mente le esté diciendo constantemente “no tienes pareja, familia o amigos que te ayuden a alimentarte, eres un fracasado, no puedes conseguir ni tus propias cosas, nadie te quiere” y ese tipo de pensamientos que nacen en la mente, en el yo inferior, pero no vienen del yo superior, de quien verdaderamente somos.

Luego de que le sucediese eso, afirma haber despertado por primera vez, observar todo sin juzgarlo, sin que la mente emitiese un juicio negativo o positivo sobre algo, solo lo veía tal como es, y por eso, lo amaba todo. Entonces, a esta mente inferior también le llamó, la mente juzgadora, que todo lo compara, mide, juzga y omite un criterio y tiene un sentimiento respecto a ello; a la superior: el observador, el yo verdadero, el cual observa, no juzga, no condena, comprende, ama lo que debe amar y cambia lo que debe cambiar, sin necesidad de estar juzgando nada por lo que es.

Eckarth, empezó a profundizar en esta palabra tan recurrente en el párrafo anterior: juzgar; y se dio cuenta que la mente vive juzgando el pasado y las consecuencias a futuro, en cambio, el ser, únicamente vive en el presente, no juzga lo que pasó o lo que pasará, nada más observa y trabaja con lo que tiene ahora, nada más, es.

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Esto es solo un resumen que les acabo de hacer de la epifanía-teoría de Tolle e imagino que a algunos les puede sonar muy volado y a otros con mucho sentido. Para explicar a Tolle se ocupa una tesis entera, pero acá no tenemos el tiempo para hacer una comprensión completa, si gusta, acuda a los textos de él para comprender más.

En resumidas cuentas, la teoría de Eckarth es que existen dos escencias en el ser humano: una verdadera y conectada con la naturaleza; y otra falsa, la mente manchada de los prejuicios y contaminaciones sociales que siempre nos comparan con los demás y definen nuestro sentimiento de fracaso. La esencia o estado mental verdadero es quien generalmente sabe y no porque sabe sino porque es (sí, yo sé que esto es muy profundo, pero en parte así es Saitama, el no sabe que es poderoso, ¡él ES poderoso!), lo que queremos ser y necesitamos, ya sea deportista, doctor, artista o lo que sea que nuestro corazón dicta, pero la sociedad mancha esos anhelos metiéndonos que debemos estudiar alguna carrera que deje dinero. Y en realidad, eso no está mal, debemos hacer algo que nos genere dinero porque la filosofía no paga las cuentas ni el Netflix donde tanto nos gusta ver al One Punch Man y sus exageradas aventuras; no obstante, eso no significa matar los sueños: después del trabajo podemos salir a bailar al Taller Nacional de Danza, a actuar en el Teatro Giratablas, a subir nuestras tiras cómicas en nuestras tablets, o a tocar en el garaje con nuestros amigos y amigas. Hasta el mismo Saitama, con todo su magnánimo poder, debe vivir en sociedad y por ello es un “héroe profesional”, ¿me doy a entender con este punto?

Recapitulemos entonces: escencia verdadera en comunión con la naturaleza y esencia falsa – la mente contaminada. Más adelante asociaré todo esto con el poder de Saitama.

Gung-Fu: el filosófico arte de la autodefensa – de Bruce Lee.

La historia de Bruce Lee también es una epifanía. Luego de muchísimos años de entrenamiento en distintas artes marciales chinas, coreanas y japonesas; Bruce Lee se fue a entrenar Kung-Fu con el sifú Yip Man. A los 4 años de entrenar con él, Bruce quedó estancado, ya no podía ser ni más fuerte, ni más rápido, ni mejor peleador, porque se dio cuenta de que su mente estaba tensa siempre en los combates, con muchas técnicas, sentimientos, dolores y miedos; siendo así, ya no podía mejorar, todo eso le restaba velocidad, fuerza y estrategia. Lee le comentó esto a Man y este último le dijo las siguientes palabras:

«Lee, relájate y calma tu mente. Olvídate de ti y sigue los movimientos de tu oponente. Deja que tu mente haga el contraataque sin que interfiera deliberación por tu parte. Sobre todo, aprende el arte del desapego».

No obstante, por más que las pensara, no las entendía y seguía peleando igual, a lo que el maestro le dijo:

«Lee, consérvate a ti mismo siguiendo las curvas naturales de las cosas y no interfieras. Recuerda nunca hacerte valer: nunca estés en posición frontal a un problema, pero contrólalo balanceándote con él».

Lee, pese a ser un ávido lector del Tao Te Ching, el libro más profundo de filosofía china, el cual habla muchísimo de desligarse de lo negativo, encontrar la verdadera esencia (muy relacionado con lo que hablamos de Tolle) y de donde viene la frase “Vacía tu taza para llenarla nuevamente” (la cual, se refiere a eliminar todo lo negativo llenado en nuestra mente por parte de la sociedad contaminada para llenarla de conocimiento y sentimientos positivos); Bruce, pese a interiorizar todo ello, no podía aplicarlo. Entonces, el maestro lo mandó una semana a no pelear en lo absoluto, a no entrenar, solo a pensar.

Bruce estuvo varios días ansioso, pensando y pensando pero no llegaba a nada. Decidió salir en a dar un pase en bote para relajarse y, en medio de ese paseo, en un ataque de cólera por no comprender el Tao y las palabras de su maestro, le dio un golpe al agua.

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¡Y bam nuevamente!, al igual que Tolle, Bruce tuvo una epifanía. Al dar ese golpe al agua, Bruce comprendió que por más odio con el que él atacó al agua, esta no se inmutó, no se afectó, no se contaminó con ese odio, solamente se adaptó y siguió con su naturaleza. En esas dos ideas, Bruce lo comprendió todo: el combate marcial no consiste en saber todas las técnicas y tenerlas presente a la hora del combate, consiste en adaptarse y fluir con la naturaleza de lo que nuestro cuerpo puede hacer, nuestra naturaleza sabe reaccionar a todo y, ojo, no se trata de no entrenar las técnicas o el cuerpo, es no tenerlas presentes en el combate, en lugar de que nuestra mente esté pensando cada movimiento a cada instante, sus causas y consecuencias; consiste en que, con todo lo que sabemos, seamos uno con el combate, que luche nuestro verdadero ser, no nuestra mente sobre-analizadora. Si nos golpean, en lugar de ponernos rígidos, nos ponemos lo más suaves que podamos para que el golpe resbale por nuestra carne y, si vamos a golpear, no hace falta hacer una parafernalia exagerada, con un simple, rápido y contundente movimiento, el cual, necesariamente no tiene que nacer de nuestras técnicas marciales cuadradas, sino de lo que nuestro cuerpo y naturaleza nos dicte sea más eficaz, podemos derrotar a un oponente; por ello, el arte marcial de Bruce Lee tenía que ser adaptado en sus películas, porque en realidad, los movimientos de él eran increíblemente rápidos, precisos y sobre todo, cortos, porque su mente no pensaba el movimiento, solamente dejaba que su verdadera naturaleza reaccionase; es como los gamers, cuando estamos en lo que se llama “la zona”, allí, no se piensan en lo que sabemos del juego, las técnicas ni en las consecuencias de lo que nos haga el enemigo, en ese momento, todo ese conocimiento se conjuga y, sin pensarlo, accionamos y reaccionamos y somos completamente efectivos; luego de pasar la zona, ni nosotros mismos ni nuestra mente comprenden qué pasó, solo pasó. Y eso es porque, en ese instante de nuestra existencia, todo nuestro alrededor desapareció, fuimos uno con el juego, con el momento, fuimos nuestra verdadera naturaleza. A dibujantes, escritores, artistas e ingenieros les pasa lo mismo, en realidad, a cualquiera le puede pasar.

Recapitulemos: ser como el agua, que nada nos afecte, adaptarnos y seguir nuestro curso.

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El libro de los 5 anillos – de Miyamoto Musashi (bases filosóficas de la película “The Last Samurai” con Tom Cruise

El conocimiento al que llegó Lee en el siglo XX y Tolle en el siglo XXI, ya había llegado Miyamoto Musashi en el siglo XVIII. Miyamoto Musashi es tal vez el samurai más famoso del mundo, bueno, si no tomamos en cuenta la ficción-realidad de Rouroni Kenshin Himura – Batusai el detajador. Musashi, desde niño, mostró interés por la cultura marcial, al los 17 años, no había sido vencido por ningún oponente de su misma edad. Con el tiempo, era tan fuerte que tuvo que salir de su aldea para poder entrenar con oponentes que dieran la talla. A los 30 años, derrotó a Sasaki Kojiro, el samurai considerado más fuerte de la época. Este último acontecimiento lo dejó pensando y se puso a reflexionar en sus anteriores combates.

En esta reflexión, se dio cuenta que se había enfrentado a los combatientes de más alto nivel, con mayor experiencia y edad y, sobre todo, con mayor estrategia por ser mayores en edad a él; en este caso, él no había ganado por tener mejor estrategia que ellos y tampoco fuerza o preparación, entonces, ¿era por pura suerte?, al parecer, no había otra explicación. En ese momento, Musashi abandonó su búsqueda por mejores peleadores y se dedicó a pensar en lo que había detrás de sus victorias, el verdadero Camino de la Espada; para ello, se retiró a vivir como ermitaño en una montaña.

Entrenar en la montaña con la espada y sus largas meditaciones no lo hicieron llegar a encontrar el por qué de sus múltiples victorias, recurrió a otras artes como la caligrafía, la música y la pintura para ver si encontraba el camino. Y pensando, pensando y pensando mucho sobre sus victorias, ¡bam!, se dio cuenta de que la clave en todos esos combates era que no pensar. Miyamoto Musashi se dio cuenta que, si él le había ganado a samurais con mayor estrategia, debía haber algo más allá de la estrategia, algo que superara a todo lo que la mente puede idear, debía haber algo superior a la mente y él había llegado a ese algo en los momentos en los que dejaba de juzgar su pasado y dejaba de estar ansioso por el futuro, no criticaba de sí mismo si su estrategia tomada estaba bien o estaba mal, si su próximo movimiento con la espada sería efectivo o no, si lo iban a herir, si iría a doler demasiado, si iba a conservar sus miembros o si iba a vivir o a morir. Era dejar de pensar en las causas y consecuencias y dedicarse al ahora; cosa que ningún otro guerrero hacía y por ello perdían, por pensar en las posibilidades en lugar de actuar, una mente vacía reacciona y piensa más rápido en los golpes a asestar con la espada que uno lleno de dudas, estrategias e incertidumbres. Musashi decía: “el ser humano debe encontrar el delgado camino entre la mente y el instinto, cuando la mente sepa todos los movimientos, el instinto los aplicará en el momento adecuado solo si la mente está vacía”.

Aparente representación fiel según las descripciones de Miyamoto Musashi

De allí viene el legendario enfrentamiento de la película de “The Last Samurai”, en el cual, Tom Cruise recuerda el poema de su amigo guerrero Katsushiro quien afirma: “Todas las flores son perfectas”, revelándosele a su ser que, sin importar nada, todo es perfecto si nuestra mente no lo juzga; y pelea derrotando como a 5 o 6 oponentes. De hecho, recuerden que al final de esa pelea, el personaje interpretado por Tom sale como de un trance, como que no sabe lo que acaba de pasar, porque no pensó en la vida ni en la muerte, solo en ese momento, por primera vez, solo fue uno con su espada, aprendiendo por primera vez “El camino de la espada”.

Con ese conocimiento en mente, o mejor dicho, en su ser, Miyamoto Musashi salió de vuelta a pelear al mundo y, según las leyendas, no volvió a perder un solo combate más. Pero Musashi no fue egoísta, se fue a la montaña a escribir su obra máxima para que su conocimiento fuese transmitido de generación en generación. Su libro está dividido en elementos de la naturaleza: tierra, agua, viento, fuego y otros más; el último capítulo se titula “Vacío”, que curiosamente en japonés, vació se escribe igual que la palabra “Cielo”, y en una de sus páginas dice:

“También el guerrero ejercita en la vida diaria la vista y percepción sin que se nublen y cuando el cielo de la incertidumbre se le aclara, ahí está el vacío verdadero”.

Saitama, el guerrero noble de la mente vacía

Ahora sí, ¿para qué toda esta hablada filosófica y cómo entra Saitama en esto?, pues bien, mi teoría es que Saitama, sin darnos cuenta, disfrazándose de una comedia, es una de las series de animé con más contenido profundo filosófico. Saitama, en todas sus características, refleja ser un artista marcial filosófico desentendido del juzgamiento de la mente-sociedad y completamente centrado en su sentido de la vida, en su yo superior, en su sentido de ser un héroe defensor de los débiles. Es tan auténtico como lo indica Tolle, tan vacío de juzgamiento como lo sugiere Lee y tan desentendido altruista de la mente egoísta como lo escribió Musashi. Analicemos a Saitama por partes.

La historia de Saitama nace, aparentemente, de una estupidez. Es una persona aburrida de su vida (viviendo de su yo inferior que le obliga a trabajar como buen asalariado), el cual, inspirado por un hecho completamente altruista como lo fue salvar a una niña, adquiere un valor y fuerza sobrenatural para sacarle todas las tripas al cangrejo. En ese momento, Saitama dejó completamente de pensar y solo fue su auténtico yo, ahí murió el Saitama viejo y nació su verdadera esencia, el One Punch man, pues dejó de pensar en si iba a llegar tarde del trabajo, si lo iban a despedir, si se iba a quedar sin pagar el alquiler por perder el trabajo, si el cangrejo lo iba a herir, iba a herir a la niña, si el nunca hacer ejercicio o haber peleado le iban a pasar la factura, si era más débil que el monstruo si ayudarla más bien iba a empeorar las cosas, o si lo iban a matar, en ese momento solo se dedicó a ser.

A partir de allí, Saitama dejó de pensar en su yo inferior, en su pasado, en la edad que tenía y que nunca había hecho ejercicio ni entrenado algún arte marcial; y se dedicó a hacer lo que su yo superior siempre había querido ser, o mejor dicho, siempre ha sido: un héroe. No juzgó su cuerpo ni las consecuencias a futuro, solo comenzó a trabajar con su presente, “El poder del ahora” como diría Eckarth Tolle, realizando un entrenamiento de 100 abdominales, 100 lagartijas, 100 sentadillas y 10 km de carrera.

Ahora, si usted es un atleta y está leyendo esto, le parecerá risible este entrenamiento pues, a los años, cualquier persona lo puede realizar y no andan saltando de la Tierra a la Luna como si fuese saltarse un caño para cruzar la calle. Para comprender el origen de su inconmesurable fuerza, hace falta analizar un punto más marcial proveniente de Bruce Lee y Miyamoto Musashi; y es el vaciar la mente:

En múltiples videos de Bruce Lee, este derrota a múltiples oponentes sin mucho esfuerzo (y del doble del tamaño y fuerza que él), o romper ladrillos tomando únicamente 1 centímetro de distancia entre su puño y el ladrillo; mecánicamente hablando, todo esto es imposible. Los científicos siempre le preguntaron cómo lo lograba y Lee les decía que del vaciar la mente viene la eficacia suprema, una fuerza escondida en todo ser humano pero que, al trabar la mente se traban también los huesos, músculos, ácido láctico e impulsos cerebrales, haciendo al puño lento y por ello, las personas con la mente llena, nunca podrán lograr la fuerza que él demostraba. De igual manera, Musashi, en su capítulo de la Tierra de su obra “El libro de los 5 anillos”, habla de cómo romper espadas y armaduras de un solo tajo y esto es, teniendo la mente completamente vacía, dejando de pensar si se es débil para realizarlo, si la espada es muy fuerte, si la armadura es de acero o si se será lo suficientemente rápido, una mente vacía solo lo hace y, como está vacía, el cuerpo y los músculos viajan a una velocidad indescriptible, nunca se detienen ni se ponen rígidos ante la duda, alcanzando velocidades de corte inigualables y cortando cuanto obstáculo tenga en el camino.

Obviamente, en la serie, esto es sobredimensionado al punto de reventar naves espaciales, no obstante, aunque se use mucho como en broma y la serie se burle del mismo personaje, esto es más profundo de lo que parece si lo enmarcamos en este concepto. Saitama tiene una fuerza sobrenatural por su mente pura, sencilla, decidida y nada egoísta, la cual se resume en una sola frase “Soy Saitama, un héroe por afición”. Analicemos:

Saitama, héroe por afición

  • Saitama, antes de darse cuenta de la “Asociación de héroes”, ya es un héroe, no lo hace por encajar en ningún lugar, él simplemente lo hace para defender y ayudar a quienes están en problemas.
  • Saitama no es héroe para recibir algo a cambio: Saitama es solo héroe porque le nace, porque quiere, porque es parte de su ser, inclusive, cuando se da cuenta de que en la Asociación de Héroes pagan por ser héroe, él lo hace para pagar sus cuentas, únicamente, porque al haber un malentendido y ser calificado como “Héroe Clase C”, este ni se inmuta, le sirve para pagar su apartamento en el peor distrito de todos y su udón y él feliz con ello. Si buscara obtener algo a cambio, hubiese peleado para que lo reconocieran como Héroe Clase A, para que le paguen mucho acudiendo solo a emergencias de clase Dragón o Kami.
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  • Saitama no está consiente ni de su propia fuerza porque él nada más es, no se siente preparado para ser el maestro de Genos, puesto que siente no tener nada que aportarle, porque no tiene ni conocimientos ni estrategias, solo el instinto de ser lo que él quiere ser, pero ni el mismo Saitama lo sabe, pero Genos sí lo ve.
  • Finalmente y el punto más importante: Saitama no es un héroe para buscar la aprobación de nadie, es decir, no alimenta su ego; y, por ello, es que ha encontrado el verdadero “vacío”. En el fondo, lo que buscan muchos seres humanos es atención: que le presenten atención a mi obra de teatro, a mi pintura, a mi dibujo, a mi libro, a mi escrito, a mis técnicas, a mi profesión, a mí porque tengo mucho dinero; algunos y algunas con sentidos nobles, esperando a que me pongan atención para compartir o comunicar algo lindo y para enriquecernos; otros, para alimentar su ego y, en este último caso, es donde más se peligra, porque el ego siempre estará pensando en las causas y consecuencias de las reacciones de los demás, obsesionándose con la aprobación y enfermándose con el rechazo, esto no le permite ser, sino estar pensando siempre en cómo hacer las cosas para obtener aprobación y, por lo tanto, trabando la mente y el cuerpo. Saitama, en ningún momento busca ser el héroe más grande, reconocido ni amado, es más, demuestra pruebas de brutal altruísmo en 4 momentos específicos:  1. Cuando todos comienzan a dudar de los héroes clase A que llegaron a ayudar durante la crisis del rey de las profundidades marinas y Saitama, para no hacerlos quedar mal y devolver la esperanza a las personas, dice que él venció al Rey Marino de un golpe porque ya los demás héroes lo habían debilitado.

2. Luego de destruir el meteorito, el Tiger y Top Tank héroes tratan de desmeritarlo, diciendo que, por culpa de él, familias, vehículos y casas fueron destruidos porque no lo destruyó todo, que debería estar apenado con el pueblo; a lo que Saitama les responde que él no los está salvando para que le den su aprobación y las gracias, él lo hace porque quiere , y agrega «Si me quieren culpar, háganlo», porque él está seguro de lo que hace y no le importa que lo culpen de ello, es decir, ninguna desaprobación hacia su ego o su persona le van a impedir seguir siendo un héroe, de nuevo, sin juzgar las consecuencias, solo es.

3. Cuando está comiendo Udón con Genos y llega el héroe #1 y comienza a desprestigiar a Saitama en frente de todo el restaurante y unas muchachas que hay cerca, a Saitama, luego de haber salvado al mundo, ni le inmuta lo que el héroe #1, que ni siquiera acudió a las emergencias tipo dragón y kami, digan sobre él; Genos se enoja con este héroe, pero Saitama sabiamente, ni siquiera lo juzga, lo deja ser como es.

4. Finalmente y la más trascendente, en la parte cuando Genos recibe un montón de cartas de admiradores y admiradoras, Genos está muy molesto pues quien salvó a la ciudad del meteorito fue Saitama y solo le llegaron dos cartas, se pone aun más molesto porque la primera carta es de odio y desprecio a Saitama por todo lo que causó, a lo que Saitama le dice que tranquilo, que debe ser un troll o algo así, o una persona que tuvo un mal día y se desquitó con él; pero más trascendente, altruista y elevado aún, es cuando abre la segunda carta: es una persona agradecida que dice “Gracias” y Saitama, en lugar de ponerse eufórico y feliz de que alguien le agradece, sonríe levemente y le pregunta Genos si hay algo más: esto es la prueba de que Saitama no hace esto para alimentar su ego, es porque es su verdadero ser.

Todo esto, nos lleva a concluir que Saitama es todo lo que dicen estos tres autores: vive en el presente eterno, sin juzgar ni el pasado ni el futuro como Ekhart Tolle; combate en el presente para no trabar su fuerza como Bruce Lee; y no teme ni al pasado ni al futuro pues su misión de guerrero está más allá de ello como Miyamoto Musashi. Saitama es la esencia de las artes marciales filosóficas: el vacío del ego para dejar únicamente la presencia del ser, que no debe hacer cálculos ni juicios porque sabe lo que debe de hacer, es como si nuestra conciencia (esa que nos habla cuando sentimos que algo no está bien) tuviera una obstrucción de la mente juiciosa, pensadora, calculadora, estresada y temerosa; vaciar esa parte es conectar a la conciencia con el cuerpo directamente, eso nos convierte en lo que verdaderamente somos.

Cuando escribo artículos como estos, me siento un poco así, sin ataduras ni miedos, solo sé que escribir me hace feliz, aprendo las técnicas para hacerlo y solo lo hago, no pienso (tanto) si habrá gente que lo odie o no lo lea por lo extensos que son; aunque admito, sí estallo de felicidad cuando alguien me felicita por ellos o le dan buenas opiniones, todavía no estoy al nivel de Saitama (jaja).

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Al final, no solo Bruce Lee y Miyamoto Musashi creen en los poderes latentes que hay dentro de los seres humanos que logran liberarse de la mente juiciosa; otros artistas y filósofos marciales de todas partes del mundo, afirman con mucha contundencia qué poderes y fuerza sobrenatural están disponibles para quienes se libran de las ataduras de la mente juzgadora, de allí han salido videos de artistas marciales rompiendo paredes de un golpe, soportando ser taladrados, caminando entre las llamas, saltando 5 metros de altura sin impulso, destrozando vidrios blindados o el famoso video de una mujer empujando un automóvil apagado para salvar la vida de los pasajeros. Tal vez, nunca llegando al nivel de Saitama, pero la representación de los poderes latentes del ser humano a través de colocar a la mente en un estado de constante presente para realizar maniobras con la mayor eficacia, sin trabar músculos, huesos, articulaciones ni neurotransmisiones; está allí.

Las religiones asiáticas afirman que el significado de la vida del guerrero es ser como el bambú: hueco por dentro para que todo el poder del universo pase a través de él y convertirse en uno con la fuerza del cosmos y ser un peleador capaz de alejar a un ejército solo con su mirada o grito de batalla.

Hoyo en la montaña dejado por el puño de Saitama

El Buda decía que

“Un hombre fuerte es quien puede vencer a 10 hombres, más fuerte aún es aquel que puede vencer mil hombres, pero el hombre más poderoso del universo es quien se puede vencer a sí mismo”.

El Buddha

En esa frase se resume todo, un hombre o una mujer que venza sus miedos, pasiones negativas, tristezas, dudas, bloqueos mentales, sustos, trabas mentales, incredulidades y demás contaminación con la que nos llena una sociedad cochina y separada de la naturaleza y de la búsqueda del ser; será el guerrero más poderoso del mundo, pues nunca buscará la victoria, ¿saben por qué? porque aunque gane o pierda, nunca podrá ser derrotado. Solamente hace lo que ama y eso le hace ser… y no hay mayor plenitud para un ser, que ser.

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