La dirigencia de Xbox visitó las oficinas de Bethesda para ver una demo en vivo de The Elder Scrolls 6, pero el recorrido tuvo un invitado no deseado del que nadie quiso hablar. Afuera del edificio, en Rockville, el sindicato CWA colocó a Scabby, una enorme rata inflable que se ha convertido en un clásico de las protestas laborales en Estados Unidos. El mensaje era claro y se escuchaba en los cánticos: «¿Quién es la rata? Microsoft».
Una fiesta por dentro, un cementerio por fuera
Asha Sharma, mandamás de Xbox, celebró el avance del esperado RPG en redes sociales. Habló de una escala y una grandeza increíbles, y hasta se animó a bromear sobre el subtítulo secreto del juego. Lo que no mencionó en absoluto fue el escenario que rodeaba la visita. Mientras la cúpula jugaba la build, ex empleados despedidos cubrieron la calle de Piccard Drive con cientos de banderas rojas, una por cada persona que Microsoft despidió en los últimos doce meses.
El reclamo no es solo simbólico. El mes pasado, trabajadores actuales y pasados de Bethesda advirtieron que los recortes tendrían un impacto sustancial y en cascada en el desarrollo de The Elder Scrolls 6. Según las fuentes, se fueron personas clave y de alto rendimiento que estaban en las trincheras construyendo el sucesor de Skyrim. La empresa negó estos señalamientos, pero el clima interno habla de moral por el suelo y un mayor riesgo de crunch y retrasos futuros.
El contexto de los despidos más grandes de Xbox
La poda de personal es parte de una reestructuración brutal que Xbox considera la más significativa de su historia. Sharma envió un correo al staff donde admitió que el negocio de gaming de Microsoft no es saludable, justificando así el corte de unas 1.600 personas, lo que equivale a perder aproximadamente una quinta parte de la plantilla. Además, otros 1.600 empleados se irán durante este año mientras Xbox apunta a convertirse en una operación más delgada, enfocada casi exclusivamente en sus franquicias más grandes como Halo, Forza, Fallout y, claro, The Elder Scrolls.
Nathan Hahn, productor técnico de Bethesda y miembro del sindicato, explicó que decidieron hacer visible su presencia para mostrar cómo los desarrolladores fueron afectados por estos despidos devastadores. Contó que a los empleados actuales se les prohibió poner carteles en sus cubículos, así que respondieron colgando globos desde sus estaciones de trabajo. Afuera, un equipo de desarrolladores despedidos fue el encargado de colocar las banderas.
«Nos estamos movilizando para luchar contra estos despidos no solo para asegurar que los desarrolladores y testers de Xbox sean tratados de manera justa, sino para recordar a nuestra empresa y a todos los estudios que despidos así no pueden continuar», declaró Hahn. La frase resuene fuerte en una industria que parece haber normalizado el recorte de personal como estrategia de gestión, incluso cuando los proyectos estrella llevan casi una década en desarrollo y, según los reportes, todavía faltarían al menos dos años para su lanzamiento.

























