No sé si podemos llamarla la película del momento, pero claramente sí ha sido bastante comentada. Bohemian Rapsody es una película que ha logrado marcar una importante brecha entre el público y la crítica, pues mientras que los primeros se han mostrado satisfechos, los segundos han sido menos románticos.

Pero hay algo que no se puede negar, estamos hablando de una película bastante difícil de analizar, ya que la parte emotiva se le escabulle a uno por los poros, gracias a la banda sonora que evoca tantos recuerdos en aquellos que vibramos con las canciones de Queen. Sin embargo, trataremos de ser lo más objetivos posibles.

Siempre que hablamos de una producción biográfica, hay mucha expectativa, pues si la representación de esa persona que marcó vidas (ya sea de buena o mala manera) es de baja calidad, se puede interpretar como una falta de respeto a su legado y eso siempre deja un mal sabor que sólo una nueva producción es capaz de medio borrar (ejemplo de esto es el caso de las películas “Jobs” y “Steve Jobs”).

Pero al menos por ese lado podemos estar tranquilos, pues el punto más alto de la película es el actor Rami Malek, el cual encarna de forma más que decente a Freddie Mercury y con gran valentía (porque no es cualquiera el que acepta tal reto). Malek en un principio parece dejarse llevar un poco por la excentricidad de su papel y casi se le nota dificultad para controlarlo, pero conforme avanza la cinta, se apodera de su personaje y revive a Mercury majestuosamente en el plano físico y elegantemente en el plano psicológico.

Pero los problemas de la película comienzan con los demás personajes, ya no convencen del todo en el plano narrativo. Si bien los actores hacen un buen trabajo (en su mayoría), hay bastante irregularidad en sus personalidades, no están definidos, no hay consistencia en ellos e incluso a veces sólo son utilizados para mantener el tono jocoso del guión y se ven hasta caricaturizados en muchos otros momentos.

Las relaciones entre personajes tampoco queda tan clara, eso entorpece un poco los conflictos, los cuales parecieran que van a tomar un buen nivel, pero muchas veces se quedan en simples pleitos infantiles e inofensivos, no son graduales y entonces al llegar al clímax hay cierto choque, porque existen situaciones no se han gestado correctamente para llegar hasta ese punto (repito, esto no incluye el conflicto interno de Freddie Mercury o de él con su familia, ambos muy bien logrados).

De hecho, es curioso, porque la película en sí también es bastante irregular, pasa de escenas clichés y dramáticamente débiles a otras sublimes (como la escena de apagar y encender las lámparas), pero ese constante traslado de los denotativo a lo connotativo es lo que crea esa duda del tipo de película que estamos viendo, si está bien lograda o no. Y eso también se refleja muy claramente con la edición, ya que por momentos es atropellada y arrítmica (más que todo en la primera mitad) pero por momentos tiene juegos y transiciones mágicas.

La fotografía, en cambio, sí se mantiene constante, acompaña bien lo que cada escena intenta comunicar. Y con respecto a la banda sonora pues no hay mucho qué decir, no hay manera de fallar.

A pesar de la película no ser una obra maestra como lo es la canción igualmente titulada, hay algo que indudablemente uno agradece de Bohemian Rapsody (más que revivir los épicos conciertos de Queen o saber sobre el origen de las canciones) y es dejarnos conocer el ámbito cotidiano de Freddie Mercury, pues era muy fácil caer en el error de mostrar un personaje más gráfico, con súbitas explosiones de personalidad, colmado de momentos sexuales y ahogado por sus emociones; pero no, más bien lo retratan como uno más, con temores, inseguridades y resentimientos que cualquier ser humano experimenta a lo largo de su vida. Un ser humano que se hace responsable de todas y cada una de sus decisiones, pues fueron esas las que lo convierten en el ídolo que es y seguirá siendo por siempre.