Conforme nos acercamos a la década del 2020 vamos siendo testigos de muchos cambios y nuevos paradigmas, vemos cómo las tendencias y los estilos cambian cada vez más. Ya nada es tan cuadrado, tan rígido. Especialmente en materia de videojuegos.

Ejemplo de ello es “The Legend of Zelda: Breath of the Wild”, última edición de Zelda lanzado para Nintendo Switch y Wii U. Este juego, por si te lo preguntabas, no se sabe a qué punto exacto de la cronología pertenece con respecto a los demás juegos, sólo se sabe que su historia transcurre luego de “Ocarina of Time”. ¿Pero a qué se debe esta peculiaridad? ¿Es un error? Pues no. Eiji Aonuma, principal responsable de la saga, nos lo explica en el libro “The Legend of Zelda: Breath of the Wild – Creating a Champion”:

“Con este juego, vimos que muchos jugadores estaban jugando a su manera y sintiéndose como cuando eran jóvenes. Nos dimos cuenta que la gente estaba disfrutando al imaginar la historia que emergía de las imágenes fragmentadas que proporcionamos. Si definíamos una cronología estricta, entonces habría una historia definitiva, y eliminaría todo espacio para la imaginación, lo que sería menos divertido.”

Definitivamente todo cambia y en algunos casos es más importante la experiencia, libertad y creatividad de los jugadores, que la misma temporalidad de los juegos.