¿Qué hace a un videojuego algo trascendente? Tal vez sea su historia, aquella que nos hizo sentirnos dioses, o frágiles en algún momento de nuestras vidas; tal vez fue su banda sonora que no nos podemos sacar de la cabeza simplemente porque sus melodías son tan buenas que las escuchamos una y otra vez; tal vez fue su arte, ese que nos inspiró para decirle a la gente que los juegos no son solo máquinas de matar, hombres con hipertrofia y pistolas o Mario.

Esta reflexión la hago, porque dentro de los videojuegos existe una gama tan amplia de variables involucradas que bien pueden ser una receta para el éxito asegurado o un cóctel de fracasos que pueden hundir una empresa. Afortunadamente en Gris tenemos uno de los primeros casos y gracias al impecable trabajo de Nómada Studio les traigo una reseña improbable para el año anterior.

Digo improbable porque con la calidad de títulos AAA que salieron el año pasado, que un juego indie como Gris pudiera destacar es realmente admirable. Aunque, cuando vemos que el juego está publicado por Devolver Digital es cuando entendemos que detrás existió una decisión publicitaria importante; y es que, esta empresa se encuentra en el negocio de los videojuegos porque quieren hacerse de un nombre con títulos de calidad y si siguen apostando a juegos como este lo van a conseguir.

El inicio de un viaje introspectivo


Gris es la opera prima del estudio barcelonés Nomada Studio una empresa conformada por veteranos de otras publicadoras gigantes como Ubisoft y Square Enix y por el talentoso artista gráfico Conrad Roset a quien tal vez reconozcas por su estilo gráfico particular que ha sido imitado miles de veces y que ahora pone la cara para un juego visualmente espectacular.

Los trazos finos, la acuarela y la degradación cromática se unen en este videojuego para emprender un viaje contemplativo y onírico. Esto conlleva a un estilo visual único y precioso alejado de los efectivismos del procesamiento de particulas y la programación de la luz y se acerca más directamente a las pinturas surrealistas limitadas por el art déco.

Otro aspecto a destacar es la música compuesta por Berlinist (que encontrarás al final de esta reseña) que encaja perfectamente con todas las situaciones del juego. La atmósfera creada e impulsada por los acordes majestuosos es importantísima; mi recomendación personal es que jueguen con un buen sistema de audio o con unos muy buenos audífonos para disfrutar de la experiencia al 100%.

En cuanto a la narrativa del juego esta es compleja de describir, tenemos a un personaje femenino de quien no conocemos nada (y suponemos que su nombre es Gris, pero esto no es una certeza) y solo apreciamos en inicio que pierde su voz. Seguidamente nos sumergimos en un mundo onírico y un viaje introspectivo que nos embarcará en una aventura como pocas que recuerde.

Si se quisiera podría decirse que es un juego estilo Journey, Limbo, o Inside, sin embargo, tal aseveración solo invisibiliza el gran trabajo que realizó Nomada y ensombrece lo realizado por That Game Company y Playdead. Gris es su propio sabor de videojuego, uno de esos que podríamos llamar boutique y que no salen todos los años para nuestra desgracia.

En cuanto a mecánicas y género dentro de los videojuegos podríamos llamarlo un Metroidvania contemplativo, en donde toda la acción se desarrolla alrededor de un edificio; con su eje narrativo que va sobre la recuperación no sólo de la voz de Gris, sino también, la evolución cromática del mundo y su consecuente renovación.

El viaje del juego es uno consecuente en donde sus reglas se aplican de manera impecable y en donde para resolver los problemas tendrás que acudir las herramientas que te proporcionarán unos entes de luz. Más allá de esto la información que conocemos del mundo es poca y lo que nos importa realmente es la transformación de este, dando por hecho que cuando acabemos lo restauraremos mientras nos restauramos a nosotros mismos.

En Gris encontrarás de todo, desde animalitos con gran carisma y forma de roca, hasta mantarrayas voladoras que surcarán un cielo blanco; desde una fauna cúbica hasta estatuas que lloran, todo es posible en Gris y todo es consecuente, este es uno de sus grandes méritos, ser consecuente en un bello mundo jugable apto para cualquier persona.


Gris es un viaje, que no es para todo el mundo, pero para quienes disfrutan este tipo de experiencia es un imperdible; además Gris es arte, la expresión humana más elevada llevada al medio más complejo que hemos creado para dar a conocer nuestras ideas. El mérito de Gris entonces, no es sólo ser un buen videojuego, sino ser arte que se juega y entretetiene, es también ser arte accesible, arte excelso, ejecutado con maestría y poblado de sueños. Es entonces la suma de todo aquello que el arte había querido ser y no había podido, es la intención del autor de interactuar con la libertad de su espectador, es la suma de las cualidades de todas las artes.