Ya es redundante afirmar que vivimos en la estética de la nostalgia. El regreso a franquicias e historias que marcaron la cultura popular décadas atrás se ha establecido como la tendencia a la que apuestan los grandes estudios para crear nuevo contenido.

Si bien esto pone la piel de gallina a los fanáticos cada vez que se anuncia una nueva versión de su clásico favorito, la emoción ha terminado amalgamándose con la zozobra: ¿será que lo harán bien?, ¿terminarán arruinándolo, como pasó con el anterior refrito por el que también me emocioné?

Y es que, con franqueza, creo que no podría ser de otra manera. Los productos culturales son resultados de su contexto, por lo que no se puede esperar que una película o serie creada en nuestros días sea exactamente igual a aquel material original que disfrutamos en los 80’s o 90’s. Si a eso le sumamos que no suelen participar los mismos creadores, la única actitud coherente sería esperar algo completamente distinto.

He-Man montando a Battle Cat en hermosa alta definición…

Ahora bien, podemos hablar todo lo que queramos, pero siempre será duro ver modificado a un personaje con el que crecimos en una nueva versión. El riesgo se agudiza cuando, más que un reinicio, se nos ofrece una secuela que, supuestamente, continúa o completa las aventuras que vimos tiempo atrás. Es en este escenario en el que las inconsistencias y discrepancias sobre el manejo de los personajes y las historias suelen aflorar con mayor crudeza.

Fue precisamente eso lo que se nos anunció con Masters of the Universe: Revelation, serie de Netflix creada por Kevin Smith que continuaría la historia de la serie ochentera de He-Man, que nunca fue muy notable por su historia. Precisamente, mi interés en esta producción se enfocaba en cómo adaptarían a los nuevos tiempos una serie que no pasaba del formato «monstruo de la semana» y que, si bien estaba fundada sobre una vasta mitología (que creció posteriormente en los cómics), estructuralmente era muy limitada.

Pues bien, de entrada, sus primeros episodios mostraron que el formato estaba más cerca del refrito que la historia ya había tenido en 2002: se trataba de una narrativa seria y secuencial en la que, sobre todo, los acontecimientos tenían consecuencias concretas. De de hecho, el mismísimo primer episodio contenía uno de los giros más inesperados e impactantes que pudieran imaginarse: nada menos que las muertes de He-Man y Skeletor.

Teela fue la figura sobre la que recayó el protagonismo en Revelation

¿Cómo podía seguir la serie de esa manera? Pues, siguiendo: con un desarrollo totalmente inesperado y satisfactorio, la serie, a través del protagonismo de Teela, nos permitió ver facetas inéditas del amplio abanico de personajes, desde Orko hasta Evil-Lyn, todo enmarcado en esa nueva y desconocida circunstancia en que se encontraban: el mundo sin He-Manni Skeletor, un mundo que siguió su marcha en ausencia de sus supuestos pilares, dándole oportunidad a los demás de descubrir quiénes eran y qué vidas estaban viviendo.

Esto, claro, desató la polémica: que no era una serie de He-Man, que la agenda feminista progre forzó a Teela como protagonista, que traicionaron la esencia de la historia… fueron algunos de los comentarios que empezaron a verse en redes. Como decía, es duro ver al personaje que conocimos gravemente cambiado o, como fue en este caso, prácticamente sustituido, pero lo cierto es que faltaba una tanda de episodios y no podíamos juzgar esta nueva producción hasta verla completa.

Además, al menos a mí me pareció una hermosa metáfora de lo que quienes seguimos a estos personajes desde los ochenta tuvimos que vivir al crecer: una realidad que se nos impuso y nos fue exigiendo cada vez más, dejando muy poco espacio para la magia. Sin duda, no solo Teela, Orko Duncan o Evil-Lyn perdieron a alguien en ese primer episodio. Frente al televisor, y al dejar atrás la niñez, nosotros también.

La nueva historia generó acercamientos inesperados

Con la llegada de los nuevos episodios, todo encajó: los temores de que Teela fuera sustituir a Adam terminaron siendo infundados, pues este logró recuperarse de sus heridas y volverse a erigir como He-man. Teela, por su parte, descubrió que es la hija de de Sorceress y emprendió el proceso para convertirse en su sucesora. Así las cosas, la serie sí terminó tratando sobre He-man, no solo porque en esta segunda parte lo vimos mucho más, sino porque en la primera el suceso más importante, el que echó a andar todo el proceso que atravesaron los demás personajes, fue precisamente su desaparición.

Ahora bien, el desarrollo final de la trama tuvo una interesante particularidad. A pesar del regreso de He-Man y Skeletor, que incluso llegaron a unir fuerzas durante un lapso, la verdadera batalla final fue entre Teela, ya como la nueva Sorceres, y Evil-Lyn, quien había conseguido la Espada de Poder y había convocado para sí el poder de Grayskull. Mientras He-Man y Skeletor se daban manazos, las hechiceras se enfrentaron en un duelo que tuvo un desenlace inesperado: más que vencerla, Teela le mostró a Evil-Lyn que, a pesar del vacío del universo, cada quien es capaz de llenarlo a su manera, por lo que la desesperación ante el abismo no es la única salida. Lyn desiste de su plan destructivo y He-Man manda a volar (literalmente) a Skeletor tras aclararle que, al contrario de o que él piensa, el asunto realmente no se trata sobre ellos.

Skeletor asume el poder y no tiene problemas para mostrarlo

Esto, como todo, puede leerse de muchas maneras. Estoy seguro de que alguien, de nuevo, ha de haberlo tomado como un desplazamiento más de la atención hacia Teela, en un esfuerzo progre por forzar el protagonismo femenino. Sin embargo, la serie nos da los parámetros para comprender que, al contrario, la situación es perfectamente coherente con la esencia de la historia.

En primer lugar, tras la muerte de Sorceres, esta debía ser sustituida; y, pues, creo que es muy evidente que la guardiana del Castillo Grayskull es (siempre ha sido) más poderosa que el propio He-Man. Duncan lo deja claro al explicarle a Evil-Lyn que, si ella era la nueva guardiana, Skeletor, que ostentaba entonces la espada y su poder, era realmente su súbdito. Que la que resolviera la situación de fondo fuera Teela, la nueva hechicera, no podría ser más orgánico. Pero hay más: Duncan, de nuevo, menciona en cierto momento que lo que diferencia a Adam de Skeletor es que aquel solo utilizó el poder cuando alguien más lo necesitaba y estuvo siempre dispuesto a devolverlo una vez resuelta la situación; Skeletor, por el contrario, se aferró a él desde que lo consiguió. En síntesis, el heroísmo de Adam siempre consistió en utilizar el enorme poder que se le concedió para ayudar a los demás y en renunciar a él cuando no lo necesitaba. Inclusive, el que Adam escogiera su forma «débil» en Preternia habla también de esta noble actitud. Así, pues, ¿cómo extrañarse de que el tipo estuviera dispuesto a renunciar al protagonismo cuando fuera necesario.

Lo que Kevin Smith y todo su equipo consiguió no fue solo dignificar la serie original de MOTU con esta nueva entrega, sino actualizarla para nuestros tiempos de una manera funcional y que calza perfectamente con la visión de siempre. Nos dio una historia que puede resonar con personas de todas las edades y géneros pues es verdaderamente universal, sin por eso transgredir el mundo que siempre conocimos y amamos.

En lo personal, al ver los créditos finales no pude sentirme más feliz por haber sido un niño cuando lo fui y poder disfrutar entonces de la serie original, y de ser un adulto ahora, cuando pude disfrutar de esta continuación en todo lo que implicó.

Y Hordak… luego tendremos que hablar de Hordak

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