Este comentario está libre de spoilers, aunque si prefieren ver la serie sin ninguna anticipación, vayan a verla y luego regresan.

James Gunn es de lo mejor que les ha pasado a las películas inspiradas en cómics en la última década. Desde su trabajo en Super (2010), podíamos augurar un tratamiento único, satírico y ágil del tema, lo cual vendría a confirmarse con la genial Guardians of the Galaxy (2014), en la que hizo debutar en el MCU a un grupo de personajes casi desconocidos y los catapultó a la máxima popularidad. La mezcla de comedia inteligente, gran calidad visual y un sorprendente desarrollo de personajes fue muy bien recibida tanto por la crítica como por los fans, que cayeron a los pies del nuevo grupo de héroes. La secuela recuperó a los personajes para una nueva aventura en 2017 y, aunque no alcanzó el nivel de la primera, fue igualmente bien recibida.

Rainn Wilson en Super (2010), primer acercamiento de James Gunn al género de superhéroes

Cuando Disney decidió despedir a Gunn por un escándalo relacionado con unos tweets de pésimo gusto que escribiera a mediados de los 2000, la noticia de que trabajaría para Warner en una propiedad de DC no pudo ser más sorprendente. Echado de Marvel, Gunn se pasaba a la acera de enfrente y no a hacer cualquier película, sino a dirigir el segundo intento de Warner por adaptar al Escuadrón Suicida, que en manos de David Ayer había sido un éxito de taquilla pero un fracaso para la crítica.

La mano de Gunn parecía apropiada para otro grupo de marginales, esta vez liberado de restricciones de censura. Y vaya que dio resultado: la irreverencia del guion y la violencia desatada al punto del absurdo dieron como resultado la película de súper (anti)héroes más atrevida desde Deadpool. Un punto alto, sin duda, fue el Peacemaker de John Cena, detestable vigilante obsesionado con imponer la paz a cualquier precio (el parecido con el destino manifiesto es mera coincidencia). La incorrección política del personaje y su retorcido carisma eran imposibles de ignorar; el hecho de que la trama lo convierte en un antagonista terminó siendo uno de los giros más interesantes.

The Suicide Squad, segundo intento por adaptar al legendario escuadrón de criminales

Ahora bien, el anuncio de la serie protagonizada por él no dejó de sorprenderme. Me parecía muy complicado plantear una trama con semejante protagonista, ¿cómo podría sostenerse toda una temporada siguiendo al patán, fascista y ególatra que mató a Rick Flag? Bueno, si alguien podía hacerlo funcionar, era James Gunn. Y sí, lo hizo. Peacemaker (2022), serie original de HBO Max, es un rotundo éxito de principio a fin. Y cuando digo “principio” me refiero a la propia introducción, cuya coreografía se van a querer aprender desde el segundo episodio.

Creo que la mayor cualidad de James Gunn es su asombrosa capacidad para tomarse en serio las disparatadas tramas de los cómics, de modo que sus películas resultan experiencias con un espectro emocional amplísimo y que no temen ahondar en el ridículo. En este, su primer trabajo para la televisión, hay risas, lágrimas y un desarrollo de personajes muy satisfactorio.

Tras los eventos de The Suicide Squad (2021), Christopher Smith, Peacemaker, se recupera en el hospital. Una vez dado de alta, Amanda Waller lo ubica y le asigna un nuevo trabajo: deberá integrarse a un equipo de agentes que se buscará acabar con una amenaza conocida bajo el nombre clave “Mariposa”. Es así como conoce a Murn, Leota, Economos y Harcourt (estos dos últimos también procedentes de The Suicide Squad), junto a quienes deberá enfrentar una situación que solo él parece desconocer. En el camino se incorporarán Eagly, el águila mascota de Christopher, y Vigilante, un autodeclarado… vigilante que ha trabajado anteriormente con Peacemaker.

El reparto de Peacemaker: Harcourt, Enconomos, Peacemaker, Murl, Eagly, Vigilante y Adebayo

Lo que sigue son ocho episodios de estupidez, acción, fantasía y drama, todo desatado y, de alguna manera, coherente. Porque sí: es una serie de superhéroes con todo lo que eso implica, pero esto no significa que no haya profundidad y una cuidada utilización del drama, la comedia y la violencia.

Conforme la trama va avanzando, la personalidad detestable y corrupta de Peacemaker va evolucionando gracias a la interacción con el excelente catálogo de personajes secundarios que lo rodean. Un reparto étnica y sexualmente diverso lo enfrenta constantemente, lo cual genera que sus chistes de mal gusto sobre todo tipo de temas sean confrontados por el personaje afectado por la broma. Pero más que una serie de sermones sobre corrección política, estos diálogos resultan un muy efectivo muestrario de la diversidad de perspectivas y posturas que alberga el mundo contemporáneo y de cómo ciertas ideologías van quedando obsoletas y chocan irremediablemente con el empoderamiento de las minorías.

Adebayo vive toda clase de aventuras y desventuras junto al héroe titular

Más aún, la sorprendente profundización en el personaje de Peacemaker, cuya relación con su padre machista y supremacista lo marcó profundamente, muestra cómo el ser humano, como individuo social, no nace corrupto, pero es corruptible y termina por absorber aquello que lo rodea en la formación de su carácter. Como el propio Gunn lo aclaró en su momento, no se trata de justificar sus terribles actitudes, el tipo es un patán, pero vemos cómo va girando hacia una sincera intención de deconstruirse y comprender mejor a los demás. Como mencionaba, la relación con su padre extremista es fundamental aquí y el primer paso, claro, es que el propio Christopher lo comprenda y trabaje a partir de ahí. El proceso es, claro, doloroso y conflictivo. La actuación de John Cena resulta apropiadísima en todo momento, ya sea en la acción, en la comedia o en los momentos más serios de la historia. Quien necesite convencerse de que este señor sabe actuar, puede ver esta serie, que le exigió por más de un frente.

Pero, además, un enganchante misterio, con todo el hermoso absurdo esperable de un cómic, se va develando capítulo a capítulo con una excelente dosificación de la información. Gunn, que no dirige todos los episodios, pero sí los escribe, muestra su gran talento para estructurar la historia y no permitir que el interés decaiga ni por un momento. Alienígenas, vigilantes, tecnología descabellada y un gorila gigante pasan ante nuestros ojos. Vamos, no en muchas series ve uno un águila domesticada, un vigilante cuya sociopatía solo se evidencia cada vez que abre la boca, un grupo de invasores de cuerpos alienígenas y a un villano llamado Judomaster que, adivinaron, es un maestro del judo. Y, de nuevo, de alguna manera todo termina teniendo sentido.

JudoMaster, uno de los antagonistas de la historia

Hay violencia y lenguaje malsonante como para alejar a algunos espectadores, pero todo es parte del atrevimiento de Gunn, a quien lo que le interesa es adaptar cómics de la mejor manera, o sea, tomándose en serio a sus personajes pero dejando que el absurdo y lo hiperbólico corran libres por todo el metraje. Porque el mismo autor que nos dio una estrella de mar gigante destruyendo una ciudad, ahora nos hace llorar mostrándonos a un águila que abraza a un ser humano, y repito, tiene todo el sentido del mundo.

Entre las apuestas usualmente conservadoras que nos ofrece el cine de súper héroes, con sus morales maniqueas y principios inamovibles, Peacemaker, como todo el trabajo de Gunn, explora las áreas grises, esos espacios entre los que se mueven los personajes residuales, los que los escritores se sacaron de la cabeza para rellenar espacio o cumplir con el deadline semanal. Esos de quien nadie se acuerda, solo James Gunn y, por él, ahora también nosotros.

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