¿Recuerdan hace unos años cuando uno escuchaba hablar en todo lado de las tribus urbanas? ¿La era en la que los emos, darks y góticos aterrorizaban a las mamás en las noticias de la tarde? Pues mientras eso pasaba en los parques, calles y en los mejores episodios de La Rosa de Guadalupe, había otro séquito de adolescentes (y no tan adolescentes) igual de alternativos, pero que se reunían en las bibliotecas, los Café Internet y los mundos fantásticos de los juegos en línea… O donde sea que la gente iba a jugar Magic, la verdad nunca jugué.

Estoy hablando de los geeks, una subcultura que en realidad ni siquiera es tan homogénea. Esta población que se asocia con una única palabra, verdaderamente está conformada por un montón de fans (obsesivos, casi siempre para bien) de la gran infinidad de juegos, libros, series, cómics, animes, películas y todo lo que Hollywood considerara que hacían los nerds aparte de ir al oculista. 

Ahora cuesta pensar que alguna fanática de Marvel o algún lector de fantasía para jóvenes adultos tuviera que esconderse entre las sombras o enfrentar el suicidio social. Sin embargo, durante décadas los geeks fueron tan marginados como cualquiera de las tribus urbanas que sentían mayor afinidad por el delineador de ojos. De hecho, esto fue así hasta que nuevamente Hollywood decidió que ser ñoño era sexy y estaba de moda.

Muchos odian The Big Bang Theory, por ser una manifestación caricaturizada de la cultura geek. Y sí lo es, pero al mismo tiempo, para bien o para mal esa serie fue el epítome de una nueva era. Hacia finales de los dos mil, la cultura pop hizo estallar el atractivo de la ñoñada en la colectividad, lo cual no solo los llevó al mainstream sino que los hizo cool. Luego vino Iron Man 1 y terminó de cementar el amor mundial por la cultura ñoña.

De repente, millones de geeks en todo el mundo tuvieron que dejar de esconderse para que no se burlaran de sus gustos. Ahora más bien, eran las preguntas inquietas de las hordas de nuevos fans las que les atormentaban y los obligaban a huir del ojo público.

El problema es que sus nuevos compañeros de tribu (urbana), no tenían su mismo nivel de fanatismo y obsesión por este submundo, y la verdad jamás lo tendrían. La atracción era más casual, pasajera o enfocada en los aspectos más masivos de este universo -casi cinematográfico-. Lo que llegaba al cine o a la televisión era lo que les atraía y nos atrae aún a muchos al mundo geek.

Los geeks, éramos a quienes siempre nos habían interesado los superhéroes, la ciencia ficción y la fantasía, sin llegar al punto de aprender a hablar élfico, comprometer todos los fines de semana a jugar una campaña de D&D o intentar entender la línea temporal de los X-Men.

Por eso, hasta cierto punto es entendible que, para los fans originales, obsesivos y auténticos de todas estas historias y géneros, haya un gran rencor por el hecho de que ahora sus obsesiones sean lo que hace cool a otros. Incluso hay algo de querer que los demás deban sufrir lo mismo que yo para poder hacerse llamar ñoños. Sin embargo, este rechazo resulta más bien limitante y hasta excluyente.

¿No puede haber nuevos geeks? ¿No puede haber geeks casuales? ¿Para que a alguien le guste atrapar Pokémon o ver películas de clones espaciales necesariamente tiene que vivir al margen de la sociedad? Por supuesto que no, y lo que sucede es que muchos de nosotros, que siempre hemos tenido estos intereses, pero nunca habíamos sacado el tiempo para experimentarlos, nos sentimos entonces cohibidos de hacerlo por el miedo al rechazo.

Esto es legítimamente gatekeeping, un término en inglés que hace referencia a una especie de guardián de la puerta, donde solo quienes él aprueba pueden entrar. O lo que es lo mismo, la negativa a aceptar en la comunidad a quienes nada más disfrutan del MCU o de jugar Breath of The Wild, sin necesidad de conocer hasta el último personaje de los cómics o de haber jugado Ocarina of Time en su infancia.

Esto lo único que mantiene viva es idea anticuada de que lo geek no es para todos.

De modo que esta es mi invitación para todas las personas que se sienten geeks adjuntos, casi casi ñoños pero ño tanto. A quienes les da miedo buscar una campaña de D&A y aprender a jugar porque no conocen a nadie y no quieren ser el nuevo o la nueva; a los que nunca han tenido una consola pero quieren comprarse un Switch para jugar Animal Crossing, o a las personas que siempre han querido ver un anime pero les da miedo preguntar cuál les recomiendan.

La invitación es la misma: háganlo. 

No todos los geeks van a rechazarlos, muchos más bien van a estar dichosos de hablar de sus pasatiempos favoritos por horas y recomendarles cómo entrar a sus mundos. La gran mayoría de los hobbies geek son sanos (no siempre para el bolsillo), infinitamente divertidos y nos unen con personas increíbles, que normalmente no llegaríamos a conocer de otra manera.

La verdad es que ningún fan es dueño de su fandom y si alguien lo cree así es muy asunto de ellos. Si algo nos enseña el ser ñoño es que quien no se aventura, muere como un hobbit aburrido que nunca salió de su comarca. A la de menos, si se animan, hasta se encuentran un día peleando con un dragón y muriéndose de risa en el intento.

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