En un futuro cercano la Corporación Soma tiene al mundo a sus pies, controla todo bajo un estricto régimen autoritario donde quien ose desafiarlos, o llevarles la contraria, podría simplemente desaparecer de la fas de la tierra. Para dicha de aquellos oprimidos, un grupo de amantes de la siempre polémica canabis sativa ha decidido luchar contra esta opresión consiguiendo adeptos a su causa mediante fiestas llenas de música y bastantes puros de marihuana, la misma, bautizada Liberty Weed por uno de los miembros con más recorrido del grupo, Bibi. Junto a Bibi, tenemos a Winston, y Janet Blaze, hijos de un viejo amigo del mencionado primeramente; juntos inician su camino a la libertad un purito a la vez.

Blaze Revolutions

Blaze Revolutions entra en la categoría de juegos de construcción de ciudades y manejo de recursos, pero tiene también una historia qué contar -la cual termina siendo su punto fuerte. El primer párrafo de este texto es un poco de contexto para un título story-driven que junta un par de géneros de buena manera y que es bastante aceptable como producto final. La narrativa es excelente, casi todos los diálogos del título son hechos con voces, y aunque la actuación no llega a ser magnífica, le agrega bastante calidad la historia que se nos cuenta.

La historia de Blaze Revolutions inicia bonito, al menos sus primeros 3 escenarios son súper cortos, y nos da la idea de que podría acabarse pronto, pero al ir desbloqueando nuevos niveles, vamos entrando a situaciones con retos que necesitan tiempos extendidos para completarse, aunque igualmente nos dejan con ganas de más. Esto es bueno, porque los ambientes en sí me gustan. Es una estética estilo cyberpunk en zonas desérticas con pequeñas ciudades llenas de edificios altos de apartamentos.

Nuestro trabajo requiere que hagamos labores variadas, tenemos que construir edificios para plantar hachís, casas, u otros como cafeterías para subir el ánimo de los pobladores, graneros para guardar los excedentes, etc. Otra tarea es una de las que comentamos anteriormente, para ganar fuerza en números, Janet visita lugares donde viven personas, hace fiestas con los puros de Liberty Weed, y gracias a las bondades de la hierba, convence a más personas a unirse. Estos nuevos miembros se unen al grupo para ayudar en los diferentes edificios que construimos.

Blaze Revolutions

El juego tiene un sistema de influencia, que mide qué bando está más presente en una zona, nosotros los libertadores, o Soma. Pero el desarrollador falla en explicar cómo funciona, y me quedé atando cabos con esta mecánica durante un tiempo hasta que pude darme cuenta por mí mismo de qué va. Entonces, cuando mi influencia es mayor, una nube de color verde (no sé por qué de ese color, je, je) irá cubriendo el entorno, desplazando la nubosidad morada que desprende el hedor Somiense, lo que me da el chance de poder deambular por esta parte sin tener problemas con el ejército y drones controlados por la corporación. Igualmente podríamos pasearnos en nuestro auto en los barrios controlados por el enemigo, pero podrían perseguirnos y apresarnos. Es importante ganar el control de los barrios (haciendo fiestas locas en edificaciones) para quitar la influencia de Soma sobre un lugar determinado y así poder hacer parrandas que nos brinden nuevos miembros. Para generar influencia tenemos construimos una cafetería, centros de baile, lugares para que se reúnan aquellos afines a nuestra causa ¿qué tiene que ver una cafetería con influencia? Quizá los desarrolladores estaban un poco high cuando decidieron eso.

Al avanzar en la historia vamos haciendo cosas nuevas, no solo lo de construir o ciertos aspectos diminutos relativos a sigilo, sino que, al conocer nuevos miembros del grupo, empezamos a hacer misiones un poco más extremistas, como volar en pedazos unos servidores con explosivos con tal de salvar a una amiga. Algunos tendrán habilidades especiales, como arrojar bombas EMP para crear descargas electromagnéticas que deshabilitan las barricadas eléctricas de la policía, o pueden camuflarse para evitar ser vistos por ‘la ley’.

Lo triste del juego es que cuando empezamos a sentirnos muy a gusto con la partida, las misión para dicho escenario se acaba, me refiero a que cada partida en la campaña sigue durando muy poco, en promedio podemos tardar unos 25-35 minutos en cada una, y es poco lo que podemos disfrutar de las mecánicas de construir o gestionar. Me gustaría una versión sandbox para poder jugar ilimitadamente, pero este es un título que va de la mano de la trama, y al ser por escenarios, no queda de otra.

En general, gran parte de las misiones nos pondrán a buscar una persona que termina uniéndose al grupo, o dando vueltas en auto por la ciudad para realizar diligencias varias, siempre teniendo a la policía en el medio para perseguirnos. La dinámica no cambia mucho incluso cuando hacemos algo que no es dar con el paradero de alguien: aparecemos en un nuevo mapa, tenemos que llegar a una zona neutral para hacerla propia, luego vamos por todos los edificios del mapeado formando festejos llenos de mota con música electrónica, y de ese festejo sacamos un par de nuevos miembros para el asentamiento. Otras veces, al terminar una party de estas, el edificio pasa a ser nuestro, algunos sirven para que elaboremos plantaciones de marihuana en el techo y podamos subir la producción del producto, también nos podemos esconder en ellos para perder a la poli.

Blaze Revolution

El rendimiento es algo que debe mejorar para cuando estamos en partidas avanzadas. En un momento dado, tuvimos unos 250 miembros en nuestro ‘movimiento’ de libertad, con esta cantidad de gente, el juego empezó a andar un poco mal, y a pesar de que lo tuvimos bloqueado siempre a 30FPS, al llegar al cuarto de millar de población, ya el juego bajó a una media de 22-25 cuadros por segundo. Esto se ve mal, y denota que requiere algunos ajustes en el rendimiento. Esto en general no es preocupante por el estilo de juego, pero esperamos que mejore.

De todo lo que pasé en Blaze Revolutions, me quedo con la historia, me gusta su argumento, con una buena narrativa, y aunque para algunos sea un tema tabú esto de la marihuana, el juego es muy bueno en general, de momento, no podemos asegurar cómo terminará siendo su rendimiento, pero no es algo que no se pueda arreglar. También es muy agradable la parte de construir, aunque me queda debiendo porque nos vemos limitados en este sentido a según vayamos avanzando en los niveles, puede que nos tomemos el tiempo para construir una ciudadela muy elaborada, y de repente la partida finaliza.

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