Para la elaboración de esta reseña, su autor consumió únicamente los primeros 3 capítulos de la nueva serie de Netflix: Chilling Adventures of Sabrina. Puede que a partir de ese punto todo se ponga incluso mejor o que empeore hasta volverse una tragedia, pero este pretende ser un comentario sin spoilers sobre los temas generales y el estilo audiovisual de esta adaptación que, hasta ahora, pinta muy bien.

Cuenta la leyenda judeocristiana que Lucifer fue un ángel, el más perfecto, hermoso y adorado por Dios. Sin embargo, tanto amó su creador a este hijo predilecto, que un día él se dio cuenta del poder y la tiranía que su padre pretendía ejercer sobre todas las criaturas de su obra. Entonces, Satanás desafió la autoridad del Señor y fue exiliado al Infierno, desde donde se vio obligado a reinar en las sombras, la oscuridad y, para algunos, el mal.

No obstante, según la interpretación que se le dé, el Diablo no es más que el defensor de la libertad, del libre albedrío y de la autodeterminación de todos y todas quienes vivimos bajo el Cielo… Según la interpretación que se le dé.

En Chilling Adventures of Sabrina, el aclamado y reconocido personaje de Archie Comics, Sabrina Spellman, regresa a la televisión con todo su séquito de amigos, tías, novio, primo y hasta el adorado gato Salem. Sin embargo, mucho erraría quien inicie sesión en Netflix este fin de semana esperando encontrar en esta serie la comedia, levedad e inocencia que caracterizaban a la trama de los noventas: Sabrina, la Bruja Adolescente.

Lo que sí se mantiene es su conflicto central. Una hermosa y tierna joven, mitad bruja, mitad mortal, debe decidir entre el amor de su vida, Harvey Kinkle, y en general casi toda su existencia mortal en esta Tierra, o la oportunidad de convertirse en la hechicera que nació para ser. No obstante, en esta ocasión el mundo en el que se desarrolla la historia es mucho, mucho más oscuro.

Para llegar a obtener todo el poder del Señor del Mal, Sabrina debe pasar por un bautismo oscuro el día de su cumpleaños, casualmente situado en Halloween, bajo un eclipse de luna llena y roja. En él, la joven deberá prometer sumisión total a Satanás y firmar su nombre en el Libro de la Bestia, a partir de cuando deberá renunciar a todo lo terrenal y convertirse en una sirvienta del Diablo.

Esto, por supuesto le otorgará una fuerza incalculable, pero a cambio de perder su libertad. Entonces Sabrina, siendo una chica feminista del siglo XXI (o al menos del «año presente», pues la serie se rehúsa a darnos claridad sobre el período temporal de la historia) no está para nada de acuerdo. ¿Por qué tiene que convertirse en la esclava de un hombre para poder ser una bruja? Para su tía Zelda la respuesta es obvia, no hay otra opción. Hilda, por su parte, mantiene sus reservas.

El caso es que tanto dentro como fuera de esta trama de brujería, Sabrina, sus amigas, sus tías y hasta su novio deben enfrentarse una y otra vez a los hombres, que pretenden emplear sus posiciones de poder para amedrentar los derechos de todos aquellos inferiores a ellos, en especial cuando las víctimas son mujeres.

Sin embargo, la historia no es simplemente propaganda feminista disfrazada de serie de terror. En tan solo tres capítulos acontecen tantos giros dramáticos que yo me atrevería a tachar de imposible ver la temporada completa en un solo día. Cada capítulo es desgastante, pero en el mejor de los sentidos.

Las dificultades vienen de todos los frentes y en todas ellas podemos encontrar algo en lo cual identificarnos. Esta dualidad de Sabrina, atrapada entre lo que es y lo que los demás esperan de ella, entre ser feliz y ser poderosa y entre ser mujer mortal, ser bruja o simplemente ser, es algo que todos y todas hemos atravesado de alguna forma u otra. Al fin y al cabo, ¿quién no ha tenido que sacrificar algo que siempre ha deseado con tal de cumplir algún otro sueño?

En cuanto a sus aspectos más formales, el primer episodio de Chilling Adventures peca de precipitado, con el guión batallando consigo mismo para colocarnos de lleno en este mundo. La buena noticia es que lo logra perfectamente y desde el capítulo 2 ya podemos sentir que hemos sido fans de la serie por décadas. Sin embargo, tanto sucede en la vida de Sabrina que efectivamente sus tramas de una hora de duración parecen ser mucho más largas. Es como hacer una maratón de películas más que un binge watching de una temporada.

Fuera de eso, Ross Lynch como Harvey Kinkle y Michelle Gomez como Madam Satan son las estrellas del show. El elenco en general hace un muy buen trabajo, con Kiernan Shipka en contadas ocasiones pareciendo un poco falsa, debido a la misma teatralidad del estilo actorial de la serie. Sin embargo, cada escena con Harvey es posible sentir en carne propia el amor entre la pareja principal, a la vez que cada encuentro con Madam Satan está lleno de peligro.

Quizás mi única queja es que la serie podría haberse servido de un poco de humor, o al menos uno no tan seco. En ocasiones, por ejemplo cuando la tía Zelda se ve obligada a envejecer por razones spoilerosas, se puede notar la intención cómica en la escena. No obstante, el chiste nunca llega a su punto, precisamente por la misma seriedad con que la trama se toma a sí misma. Además, el hecho de que la actriz protagónica sea alérgica al gato que hace de Salem es una tristeza, pues el vivaz personaje, incluso sin poder hablar en esta versión, tenía mucho más potencial del que se le ve.

Aún así, con todo y todo, Chilling Adventures of Sabrina logra convertirse rápidamente en una favorita de los amantes de la magia, la brujería o el oscurantismo en general. Perversa, inocente, complicada, dramática y muy, muy adolescente, la tierna brujita está aquí para quedarse y, aunque yo no quisiera jamás poner un pie en los bosques de Greendale, no puedo esperar a ver qué más sucede en la pelea entre Brina y el Diablo, que sin duda podremos vivir por muchas más temporadas.

Calificación total: 8,5/10

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