The Last Jedi desarrolla una parte importante de su historia en la isla donde Luke y Rey se encuentran por primera vez, el territorio del Borde Exterior de la galaxia conocido como Ahch–To. En la vida real, la producción del Episodio VIII grabó estas escenas en Skellig Michael, una empinada isla rocosa a unos 15 km de la costa de Irlanda, pero encontró un ligero problema.

Resulta que la isla está tan cubierta de unas pequeñas aves llamadas puffins, las cuales a simple vista parecen una mezcla entre un pingüino y un tucán pero de un tamaño mucho menor, que ni la producción en el sitio, ni el equipo de VFX fue capaz de sacarlos de sus tomas. Así que la siguiente mejor opción fue transformarlos en las controversiales y entretenidas criaturas que ahora abundan en la película: Los porgs.

Izquierda: Un porg luego de su transformación digital. Derecha: Un puffin, el animal que les dio origen.

En una entrevista para el sitio web oficial de Star Wars, el diseñador de criaturas Jake Lunt Davies compartió algunos bocetos del diseño original de los animales y la curiosa historia de cómo llegaron a existir.

«Según entiendo, Rian [Johnson] había ido a grabar esta secuencia en Skellig Michael, la cual es una locación en una isla real que cumple el papel de Ahch-To, y esa isla está cubierta de puffins. Es una reserva silvestre y en cualquier dirección que veas hay cientos de aves llenando el paisaje» comentó Davies. «Por lo que entiendo, Rian, en un giro positivo a [este inconveniente], estaba investigando como podía trabajar con él. No puedes quitarlos. Físicamente no puedes deshacerte de ellos. Y removerlos digitalmente es un problema y mucho trabajo, así que simplemente [les seguimos] la corriente, [jugamos] con ellos. Y entonces creo que pensó ‘Bueno, esto es genial, tengamos nuestra propia especie nativa».

Así que ahí lo tienen. No todo en el cine es premeditado. A veces hay que reaccionar a lo que existe y así es como se crean los mundos imaginarios, a través de un puente entre lo que nos rodea y lo que soñamos, o lo que a veces resulta ser una pesadilla para quienes tienen que ir a grabar a lugares remotos.

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