La producción de películas postapocalípticas no parece la opción más apropiada en medio de esta pandemia, pero eso no impidió el estreno de Love and Monsters, de Michael Mattews, lanzada en Latinoamérica vía Neflix el pasado 14 de abril. La película, protagonizada por Dylan O’brien (The Maze Runner) y Jessica Henwick (Game of Thrones, Iron Fist), resultó una interesante propuesta con inesperada profundidad y muy buena ejecución.

No pretendo revelar grandes detalles de la trama, pero cuídense de algún pequeño spoiler por aquí y por allá.

Dylan O’brien es Joel, un sobreviviente del apocalipsis que deberá enfrentar sus limitaciones en un mundo lleno de feroces monstruos

Una divertida secuencia semi animada nos presenta la situación: un asteroide, Agatha 616, traía curso hacia la Tierra, por lo que la humanidad unió esfuerzos para destruirlo a punta de misiles; con lo que nadie contaba era con que los químicos de estos lloverían sobre el planeta, provocando horribles mutaciones en toda clase de animales, desde insectos caseros hasta crustáceos marinos. Las criaturas crecen descomunalmente y adquieren una hostilidad que, en poco tiempo, acaba con el 95% de la población humana. Se trata de una recuperación del motivo de los insectos gigantes, tan propio de los orígenes del cine fantástico.

En medio de tales circunstancias conocemos a Joel (O’brien), quien vive en un búnker con una pequeña colonia de personas de distinta procedencia. La seguridad en su refugio es relativa y pronto Joel se decide a abandonarlo para reencontrarse con Aimee (Henwick), una muchacha con quien tenía una relación cuando todo colapsó. Aimee se encuentra nada menos que a 135 kilómetros, en otra colonia, por lo que a Joel le espera un largo viaje de siete días en una superficie infestada de criaturas gigantes y letales.

Aimee y Joel comenzaban a estrechar su relación cuando el mundo, sencillamente, acabó

Los primeros dos actos, que nos presentan la situación inicial de Joel y su viaje, son lo mejor de la película. Si bien es fundamentalmente una comedia (hay ecos importantes de Zombieland, por ejemplo), la película se las ingenia para mostrar el desarrollo emocional de su protagonista, sobre todo gracias a la introducción de Boy, un perro que se le une recién iniciado el recorrido y que lo acompañará durante buena parte del viaje. Es gracias a este nuevo amigo que Joel superará sus miedos y decidirá no volver a experimentar lo que vivió hace siete años, cuando perdió a su familia en el caos que se desató.

También contribuyen Clyde, interpretado por Michael Rooker (The Walking Dead, Guardians of the Galaxy), y Minnow, a quien da vida Ariana Greenblatt (Avengers: Infinity War), dos sobrevivientes que se dirigen a un refugio en las montañas y que deciden acompañar por un tiempo a Joel. Ellos le enseñarán a defenderse y le darán consejos que resultarán vitales a lo largo de la aventura. De hecho, es en este tipo de detalles en que el guion de la película más destaca, pues todo parece puesto ahí con un propósito. Las referencias a momentos anteriores de la historia son muy satisfactorias pues se siente que nada sobra, todo se pensó para tener un efecto posterior y ayudar tanto al avance de la trama como al desarrollo del personaje.

Minnow y Clyde, dos experimentados sobrevivientes que apoyarán a Joel durante parte de su recorrido

Sin dejar nunca el sentido del humor, la historia alcanza momentos muy emotivos. Joel es un personaje con el que se empatiza de inmediato, tanto por su valentía y su entrega como por su historia personal, que vemos explicada en algunos flashbacks dispersos por el metraje. En general, el proceso del personaje resulta muy orgánico y progresivo, todo en medio de una trama que juega con los clichés instaurados por películas similares y aprovecha para tomar algunos giros inesperados.

Con todo, el último acto adolece de algunos problemas. Creo que se debe a una serie de circunstancias: por un lado, tras ver a Joel enfrentar mútiples peligros y desarrollar su caracter gracias a ello, lo vemos de nuevo en una situación muy similar a la inicial, lleno de inseguridad y siendo desplazado por personajes presumiblemente más fuertes y eficaces; por otro, el giro final de la trama, que involucra a estos personajes a quienes se enfrenta nuestro héroe, es muy predecible y termina resuelto de una forma simplona. Incluso, la reunión con Aimee se siente muy conflictiva, como si al escribir no se hubieran decidido del todo por una u otra alternativa.

Boy es el fiel compañero de Joel en su viaje

Con todo, no deja de ser una película emocionante, graciosa, emotiva y que, en su simpleza, consigue ganarse el corazón del espectador, además de plantear algunas reflexiones interesantes sobre el miedo, el valor de los individuos y nuestra relación con las otras criaturas que habitan nuestro mundo. En tiempos de secuelas, precuelas, universos compartidos, refritos, adaptaciones y reboots, es muy refrescante ver una idea original como esta.

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