Once Upon a Time in Hollywood es la nueva película de Quentin Tarantino, una carta de amor a Hollywood, desarrollada a partir de perspectivas personales, humor oportunista y lo más memorable de la era dorada del cine. 

Desde el desarrollo técnico y estético de la película, Tarantino, junto a su diseñadora de producción: Barbara Ling; y su director de fotografía: Robert Richardson; logran construir una ambientación perfecta del área metropolitana de Los Ángeles en 1969. 

Es gracias a esta perfecta ambientación que Tarantino logra saciar sus ansias por recordar, llenando su guión de referencias nostálgicas a películas, programas de televisión y uno de los mejores acontecimientos de esta época. 

Madurez narrativa o experimentación 

Once Upon a Time in Hollywood nos presenta una narrativa que se diferencia de las otras obras de su director. Sin uso de facilitadores visuales que guíen el desarrollo no lineal de la historia, Tarantino nos presenta una nueva forma de narrar, aprovechando el uso de flashbacks y moderadas intervenciones de la voz en off. 

Debido a la naturaleza de la historia, el espectador no necesita un orden riguroso de los acontecimientos. Tanto es así que por momentos se siente adrede la forma en que se nos presentan los hechos de forma desordenada, al punto de que durante muchos momentos es difícil reconocer si lo que estamos viendo es un flashback o la línea argumental principal de la película. 

Esta decisión de prescindir del uso de títulos, capítulos o división temática de historias se puede percibir como una experimentación por parte del director más que como una madurez narrativa. Es en este nuevo estilo narrativo que Tarantino se acerca más a un recurso storytelling mucho más cercano, dejando que las historias surjan de forma orgánica según las vivencias de los personajes y siendo estos, los generadores del orden de los acontecimientos.

Rick Dalton, Cliff Booth y Sharon Tate: Tres valores simbólicos de Hollywood.

De lo más destacable en Once Upon a Time in Hollywood son sus personajes y las actuaciones que les dan vida. Bajo el sello de protagonistas, Leonardo DiCaprio y Brad Pitt personifican a Rick Dalton y Cliff Booth respectivamente. Junto a ellos Margot Robbie encarna a Sharon Tate, un personaje poco explorado durante la película pero de gran valor narrativo. Cada uno de esto personajes simboliza dentro de la película un valor distinto de la realidad hollywoodense y las vivencias dentro de este mundo. 

Rick Dalton como personaje se desarrolla representando el miedo a la obsolescencia, al quedar en el pasado y ser siempre opacado por un solo papel de su carrera. Cliff Booth, por el contrario, representa el fracaso y la resignación, el nunca haber alcanzado la cima o la fama, el sueño frustrado de Hollywood. Finalmente Sharon Tate representa el lado ingenuo y feliz de la fama, la esperanza de una carrera prometedora y la emoción por el futuro.

Estos personajes junto con la ambientación nostálgica y el humor recurrente en las situaciones presentadas, son parte de las licencias creativas que se da el director en el desarrollo de su romántica oda a la más grande industria de cine del mundo.

Cine confesional: Tarantino como género

Varios de los más grandes directores de cine de la actualidad se han sumado a una nueva corriente temática: el cine confesional; desarrollando desde la ficción, sus personales proyectos hasta la época. Entre los nombres que destacan en esta tendencia se encuentra Alfonso Cuarón (Roma), Pedro Almodovar (Dolor y Gloria) y más recientemente Quentin Tarantino.

Entre las particularidades del cine confesional se encuentra el elemento de la auto-ficción, una herramienta narrativa en que el creador plasma en la obra elementos de su vida personal y referencias personales dentro de la historia.

Tarantino, por su parte, desarrolla Once Upon a Time in Hollywood desde la perspectiva de cine confesional con matices de nostalgia pero bajo su, siempre diferenciador, estilo. En lugar de hacer uso de la auto-ficción o de referencias directas a su persona, incorpora elementos emblemáticos de su cine y realiza un autocomplaciente homenaje a su filmografía y lo que representa su obra como género en si misma.

Es así como logra apropiarse de una de las más importantes historias de Hollywood: los asesinatos de la Familia Manson; y da un giro a la historia, re escribiéndola desde su estilo e imaginación. Transformando así su carta de amor a Hollywood en un homenaje a su propia filmografía y género.

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