Aviso

Esta reseña tiene mucha emoción de por medio, pero obviamente sin descuidar el análisis cinematográfico correspondiente.

Hablada inicial

Los derechos humanos son o deben ser primordiales, muchas personas saben esto, pero me atrevo a decir que no muchas personas en realidad tienen una lucha constante, fiel e intensa por defender a personas que lo necesitan, personas que sufren situaciones muy duras y que están en la penumbra, pues sus condiciones no son tan visibles socialmente, ya sea a propósito o no.

Y digo que pocas personas mantienen una lucha real, porque para mí no es suficiente hacer o compartir una publicación en redes sociales para generar un cambio verdadero y efectivo. Es por eso que, a mi parecer, si uno tiene la oportunidad de enfocar las máximas capacidades y/u oportunidades que posee hacia la defensa o demanda de derechos de alguna comunidad o minoría, es algo absolutamente digno de aplaudir (aquí empiezan mis razones de por qué Alfonso Cuarón es uno de mis ídolos).

Cuarón

El director mexicano Alfonso Cuarón hizo algo digno de un ídolo con su más reciente película «Roma», se valió de su talento, de su experiencia y su influencia para crear un producto en el que se logra ver un lado de la sociedad latinoamericana que pocas veces se muestra, el estilo de vida de las trabajadoras domésticas. Estamos hablando de un director que ha hecho películas del tamaño de «Gravity» y fue premiado en cualquier cantidad de festivales de cine y hasta tiene su Oscar como Mejor Director.

Quiero insistir en esto, Cuarón pudo haber hecho cualquier película sobre lo que le diera la gana y decide hacer una película puramente mexicana, con actores puramente mexicanos y con un mensaje a favor de una minoría. Tituló la película «Roma» y en ese título hay más de lo que uno cree, pues representa muy bien uno de los tantos mensajes que se pueden extraer de la misma cinta. No estamos hablando de la ciudad italiana, sino de una colonia mexicana. Pero ojo al contraste entre estos dos puntos geográficos, ya que es una analogía de los estilos de vida de las dos mujeres que protagonizan esta historia.

Cuarón ha posado la mirada del mundo no sólo sobre México, sino sobre latinoamérica; tanto por la belleza de los escenarios que muestra, como por esos personajes realmente autóctonos, fieles a sus raíces, a su lengua (en este caso, mixteca) y a sus esencias humanas.

Alfonso Cuarón junto a la mujer que lo cuidó de niño, Liboria Rodríguez, dedicada de la película. Créditos: Netflix

¿Por qué sentir amor por «Roma»?

Su estilo a blanco y negro se justifica totalmente, no sólo porque está ambientada en los 70’s, sino porque en su desarrollo hay mucha luz y mucha oscuridad. Luz hacia afuera: Celebraciones, fiestas, lujos, playa, naturaleza, sonrisas. Oscuridad hacia adentro: Rupturas, crisis, abandono, maltrato, decepción y muerte.

La fotografía (también a cargo de Cuarón) es sobria, elegante y es una oda a la cinematografía de sus anteriores películas. Vemos movimientos de cámaras propios de «Y tu mamá también», «Children of Men» y «Gravity», de hecho esto no sólo se nota a nivel de fotografía, sino también a nivel de contenido en muchas escenas y escenarios.

El sonido es detallado, pero sutil, como un cómplice de los personajes. Hay una ejecución excelente de los planos sonoros. La música no es excesiva, se distribuye en pequeñas dosis, como se acostumbra en el cine independiente. No es predecible, aparece cuando a veces uno menos la espera, pero su efecto es invasivo y profundo.

Las actuaciones se tornan naturales, principalmente la de los actores sin formación, incluyendo a la debutante Yalitza Aparicio (Cleo), que logra sacar la tarea de pasar de la inocencia a la desesperación de forma gradual, no súbita (buena estrategia por parte de Cuarón, para no agotarla). En el caso de Marina de Tavira, quien claramente sí tiene formación, a veces aún se le notan ciertos vicios casi teatrales, pero que al final logra controlar.

La puesta en escena se ve muy bien planificada. La película puede pasar de un espacio reducido como el interior de un automóvil a uno tan enorme y caótico como una manifestación llena de violencia y muerte. Hay escenas que requieren de mucha coordinación y hasta podríamos decir de montajes coreográficos por parte de todo el equipo técnico; el resultado fue fluido y atractivo. La ambientación a los años 70’s es magistral.

Se ha dicho que la narración de «Roma» es algo lenta, pero a mi parecer no aburre, ya que hay muchos cambios de escenario y la cinta está editada de forma tal que uno se va interesando cada vez más en la historia principal (la de Cleo) y la de todos los demás personajes, porque todos cuentan la suya y todos tienen algo qué ofrecer, además es fácil identificar el conflicto de cada uno, algo que es clave en una historia bien contada.

La cotidianidad es uno de los puntos más altos de «Roma», hay cotidianidad en todo, en las reuniones, en los desastres, en los paseos. Esta película es una cátedra de cómo lograr cotidianidad y espontaneidad en el sétimo arte. Hechos como los juegos tontos de los niños, guardar un carro, las cacas de un perro, las interrupciones al hablar, las conversaciones y situaciones peculiares en el sexo, las manías de los personajes, las vaciladas entre compañeras de trabajo, las andadas en la calle sin cuidado, el comportamiento en un cine, las esperas; todo tiene una verosimilitud impresionante y casi nada se siente forzado (lamentablemente siento que eso sí se siente un poco en la escena del clímax, que incluso se llega a percibir algo «telenovelezca»).

No se pueden dejar de lado los símbolos. No sólo hay guiños de Cuarón a sus anteriores películas, pareciera incluso que hay pistas de cuáles podrían ser sus siguientes ideas a desarrollar. Hay reflejos por todas partes, en los espejos, en el agua (la escena inicial del agua con que se lava el patio asimilándose a las olas del mar, es grandiosa) y hasta en ciertas superficies; queda claro lo importante que es para Cuarón que se refleje la verdadera identidad del mexicano. También se ven muchos aviones volar a lo lejos, lo cual podría ser un símbolo de cómo siempre buscamos alejarnos de lo nuestro sin observar todo lo que tenemos en nuestra propia tierra, esto lo evidencia el personaje de Cleo, cuando va a un lugar rural y lo mira con nostalgia, pues le recuerda a su pueblo.

Y, por último, la complejidad del conflicto principal. Una joven que tiene que servir a una familia adinerada pues no tiene otra opción. Pero Cuarón desglosa a esta trabajadora doméstica más allá de su oficio; de hecho Cleo es extraordinaria en muchos aspectos, ama incondicionalmente a los niños que cuida, hace todo lo posible para obtener respuestas, sobrevive a un hecho traumático, logra hacer una posición corporal que nadie más puede (una escena sumamente original y bien lograda con un actor del que no se espera mucho como Latin Lover) y, por si fuera poco, hasta es capaz de salvar una vida. Pero en contraste, sigue atada, sola y sólo le queda ver los aviones pasar de lejos, al igual que sus más grandes anhelos.

«Roma» no sólo es una joya por su estética, sino también por su forma de romper esquemas establecidos como los tipos de historias que se cuentan o los perfiles de los personajes principales o incluso hasta la forma en la que se presentan desnudos en el cine (se darán cuenta que el único desnudo de la película se presenta de forma muy peculiar con un personaje peculiar); sino que también, a mi parecer, es la película que marca el estilo y la identidad definitiva de Alfonso Cuarón como cineasta, la cual es volver extraordinario lo que habitualmente vemos pequeño y encontrar la belleza hasta en el detalle más cotidiano que pasamos por alto, todo mientras nos relata una historia profunda con tintes de sencillez.

Posdata

Mi madre es trabajadora doméstica y también es extraordinaria.