Bumblebee, ¿la transformers que todos esperábamos?

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La siguiente reseña contiene spoilers de Bumblebee, así que si no la han visto, mejor háganlo antes de leer.

El anuncio de un spin-off de Bumblebee fue interesante por más de una razón. En primer lugar, era la primera película de Transformers fuera de la saga principal; en segundo, por primera vez Michael Bay no ocuparía la silla de director, cediéndole el puesto a Travis Knight, cuya Kubo and the Two Strings representaba un buen antecedente para esperar grandes cosas. Los trailers solo ayudaron a aumentar la expectativa, pues parecíamos estar ante una apuesta diferente, mucho más sobria e interesante que las propuestas anteriores de Bay. Por si fuera poco, la crítica alabó la película a tal punto (en Rotten Tomatoes llegó a tener un 100% de buenos comentarios en algún momento) que era difícil no hacerse ilusiones. Pues bien, ¿cumplió la cinta con estas expectativas?

La verdad es que no. Bumblebee parece un intento muy desesperado por alejarse de las criticadas (y recientemente fracasadas) propuestas de Bay, pero no lo suficientemente distinto como para considerarlo exitoso.

En esta ocasión, asistimos a la venida de Bumblebee a la Tierra y a su encuentro con Charlie (Hailee Steinfeld), una joven aquejada por la pérdida reciente de su padre y la nueva relación de su madre, quien continuó con su vida mucho antes de lo que a ella le parece apropiado. Así, la historia de la pérdida del padre y demás es el gancho con el que los guionistas tratan de que el espectador se identifique con la muchacha, pero el constante recordatorio de que ella está muy triste e insatisfecha con su vida hace sentir como que dicho contexto se nos embarra en la cara, en lugar de ir construyendo un escenario emocional orgánico y fluido.

Abundan los clichés de bullying escolar, hermanito menor molesto, impopularidad e incomprensión, los cuales son una forma barata de darnos un panorama emocional que tiene que bastarnos para creer que esta chica acepta sin más que su recientemente adquirido volkswagen amarillo es un robot alienígena que huye de una peligrosa guerra. Con tal urgencia de amigos, ¿qué importa su procedencia?, ¿cierto?

Hablando de la guerra, de lo más interesante de los trailers fue ver a Optimus, Soundwave y Shockwave, entre otros, en sus versiones G1, pero la verdad es que su inclusión es tan efímera e intrascendente que casi puede decirse que los trailers lo mostraron todo. Apenas un recordatorio de que la película es parte de una continuidad mayor a la que, además de ese flashback en Cybertron, la une el intento de arco de los villanos.

Podemos, pues, analizar la película en dos tramas fundamentales: la de Charlie y Bumblebee y la de los decepticons que vienen al planeta a buscar a este último.

Empecemos por la segunda. Shatter (por lo que sé, creada directamente para la película) y Dropkick (con uno que otro antecedente en cómics) apenas dan para el gasto como villanos. Ambos son personajes planos y sin un atisbo de personalidad, ni si quiera se pueden distinguir claramente por su transformación, pues cada uno tiene dos. Me resultó absurda la facilidad con que convencen al ejército para permitirles usar sus satélites y rastrear al «fugitivo», como llaman a Bumblebee. Además, el guion los utiliza de manera muy pobre, pues prácticamente los recluye en una base hasta que, por un error también absurdo, Bumblebee revela su ubicación.

Ahora bien, en la trama de Charlie y Bumblebee es donde se encuentran los pequeños destellos de calidad que ofrece la cinta. La interacción entre ellos está, por lo general, marcada por la ternura, el humor y un sentimiento de encanto que resulta muy agradable de ver. La secuencia en que Charlie trata de enseñarle al autobot a ocultarse en la playa, o cuando van a casa de una de las populares de la escuela a tirar papel higiénico y huevos son verdaderamente entretenidas, como si en esos momentos la película se tomara la libertad de ser ella misma.

Sin embargo, la relación entre los protagonistas también tiene carencias importantes. Más allá de lo que es obvio, nunca vemos con claridad qué tan cercanos eran Charlie y su papá, así como tampoco tenemos una idea muy firme de la situación en que Bumblebee se encuentra con respecto a los otros cybertronianos, por lo que es difícil descubrir el vínculo entre humana y robot, comprender qué es lo que los hace llevarse tan bien y llegar a intimar tanto como lo hacen.

La convergencia de ambas tramas no deja mucho más que una visualmente decente batalla final (de nuevo, insulsa pues los villanos no son nadie y a nadie le importan) y la conclusión de que el personaje de John Cena es total y completamente prescindible, con apenas diálogos y un giro argumental totalmente forzado y ridículo.

Ni siquiera mi esperanza de que esto fuera un verdadero reinicio sobrevivió, pues al final vemos cómo Bumblebee, para sorpresa de Charlie, decide dejar su forma de beettle y asumir la de un camaro. Mi expectativa, mi error, claro, pero bueno, creo que tenía derecho a soñar…

Así las cosas, Bumblebee está lejos de ser la bocanada de aire fresco que tanto está celebrando la cinta. Francamente, no comprendo las altísimas calificaciones que le han dado, pues sí, es cierto que quizá sea la Transformers menos mala (aunque creo que ese título aún se lo pelea la primera), la que tiene más corazón y la que mejor intenta proponer una verdadera historia, pero su dependencia argumental de las anteriores, su pésimo desarrollo de personajes y su completa falta de originalidad la dejan como una más de esa malograda saga que, por lo menos, Michael Bay finalmente dejó en paz. Aunque no me extrañaría que la retome en cualquier momento…