«When we were kids, these movies came to us from far away. They were a gift. And the more we talk about how they’re made, the more it reveals that they’re just movies. But they’re not just movies, they’re more than that.»

Colin Trevorrow

Una vez leí por ahí que solo existen dos clases de música: la que nos gusta y la que no. Ojalá fuera tan simple. Claro, es vano buscar argumentos específicos para defender o apoyar una postura relacionada con la apreciación de una obra artística, pero también es un hecho que hay interpretaciones y apreciaciones como hay personas, así que el intercambio de pareceres, si se hace bajo el marco del respeto y la apertura, puede generar una gran riqueza y potenciar el valor de los materiales en cuestión.

El pasado diciembre sufrí una de las decepciones más grandes de mi vida cuando vi The Rise of Skywalker. No exagero: la película me rompió el corazón, no porque no aparecieran cosas que esperaba o porque tomaran decisiones cuestionables, sino porque en general me pareció una muy mala película, poco inspirada, vacía, insulsa… en fin, la odié, en dos palabras. Considerando mi confeso amor por la saga y que Disney me había convencido hasta ahora de confiar en su propuesta, se imaginarán el bajonazo.

Kylo y Rey combaten en The Rise of Skywalker

Con todo, la intención de esta nota no es echarle un montón de basura a la película, sino más bien indagar en un fenómeno que no deja de llamarme la atención: la manera tan diversa en que las personas se relacionan y se aproximan a Star Wars, la cual genera una riqueza interpretativa muy interesante y nos puede decir mucho sobre nuestra propia identidad.

A ver: como alguien nacido a mitad de los ochenta, viví durante casi dos décadas en un mundo en el que las únicas películas (oficiales) de Star Wars eran las que componían la trilogía original. Así, crecí viéndola y desarrollando un profundo amor que perdura hasta hoy. Mi relación con las precuelas es complicada. Cuando salieron, me gustaron, aunque siempre me costó aceptar que estaba viendo el mismo mundo de las originales. Pasaron los años y fui desarrollando un profundo odio por la manera en que Lucas contó la historia y encasillando esa segunda trilogía en ese abismo donde se les suele colocar: en el de una gran promesa que no logró cumplirse. Con el tiempo, he llegado a apreciar Revenge of the Sith, al menos. Luego vinieron las secuelas y, como decía arriba, recibí muy bien las dos primeras y muy mal la tercera.

La trilogía original, la historia de Luke Skywalker, es uno de los pocos puntos de consenso entre los fans.

Con ese bagaje sobre mí, paso a contar algunos casos de personas que me sorprendieron mucho con respecto a su apreciación por estas películas. El primero fue el hermano de una amiga; él se decidió a ver la saga completa en 2015, ante la inminencia de The Force Awakens. Lo hizo en orden cronológico, lo que yo entonces (quizá aún) calificaba de error. Cuando terminó las precuelas e inició las originales, vino el comentario: «me decepcionó mucho el IV». Mi incredulidad se hizo manifiesta. A New Hope, la Star Wars original, es mi gran favorita, ¿cómo podía alguien haberse decepcionado con ella? Pues bien, la razón fundamental era que la pelea final entre Vader y Obi Wan le había parecido lenta, aburrida y corta. En su momento, le achaqué el problema: no tenía que haber visto las precuelas primero. Él me refutó: ¿por qué, si hasta George Lucas dice que esa era la manera correcta de experimentar la saga? Yo tenía muchos argumentos para responder (que ambas trilogías se habían hecho en épocas muy diferentes, que no podía esperar el mismo desempeño de los actores que interpretan a los personajes en unas y otras, que George Lucas está muy loco, ¡que odiar las precuelas es lo correcto, carambas!), pero no usé ninguno por una sencilla razón: él no tenía por qué aceptarlos pues, así como las películas se hicieron en épocas diferentes, nosotros las habíamos visto en épocas diferentes, por lo que difícilmente podríamos recibirlas de la misma forma.

El duelo final entre Vader y Obi Wan ha sido reimaginado con más acción y dinamismo por parte de los fans

El segundo caso fue similar. Al iniciar semestre, suelo dedicar unos minutos a presentarme ante mis estudiantes y a que ellos hagan lo mismo. El tema de Star Wars suele salir irremediablemente. En una ocasión, un estudiante me comentó que él también es un gran fan y que su personaje favorito es Qui Gon Jin. De nuevo, casi caigo de espaldas: ¿Qui Gon?, ¿en serio?, será muy interpretado por don Liam Neeson pero… ¿en serio? Los cuestionamientos pugnaban por salir de mi boca: solo sale en una película, tras su muerte apenas vuelve a ser mencionado… ¡es de las precuelas, carambas! Pero, de nuevo, tuve que considerar un hecho determinante: probablemente, el primer contacto de aquel muchacho con la saga fueron las precuelas, las cuales estaban siendo estrenadas por la época de su nacimiento; incluso es muy factible que las haya visto a la misma edad que yo vi las originales. Así que, otra vez: ¿es válido cuestionar su predilección por Qui Gon? Sencillamente no.

Tercer caso: poco después me encontré otra entusiasta de Star Wars entre el estudiantado. Le pregunté cuál era su favorita y me dijo que The Last Jedi. Me sorprendió la respuesta pues, aunque también me encanta esa película, sé que la opinión no es muy popular. Pero lo más sorprendente vino a continuación: la joven me confesó que, de hecho, esa fue la primera película de Star Wars que vio, pues realmente nunca se había interesado por la saga y terminó yendo al cine arrastrada por sus amigos. Resultó que le encantó la película, vio las demás y le encantaron a su vez. Claro, yo también me pregunté cómo algo así puede pasar. Lo cierto es que pasa.

Liam Neeson como Qui Gon Jinn en The Phantom Menace

Comento algunos más: hace poco descubrí que un amigo (también menor que yo) AMA a Jar Jar Binks; un día de estos, un señor (este más bien mayor) me dijo que no le gustó Rogue One porque sale una playa con palmeras, elemento muy terrícola como para formar parte de una saga en la que se ven cosas y seres tan alienígenas; y ¿por qué no?, mi propio caso: durante dos años pasé discutiendo con quienes odiaron The Last Jedi, solo para terminar convirtiéndome en alguien parecido que pasa quejándose porque no le gustó The Rise of Skywalker… en fin, como decía al principio, hay tantas apreciaciones como personas.

Pues bien, ¿es apropiado sentir decepción ante el episodio IV?, ¿es Qui Gon una buena opción para personaje favorito?, ¿se puede entrar a la saga a partir de su octavo capítulo?, ¿es imperativo odiar a Jar Jar?, ¿importan tanto unas palmeras?, ¿puedo gustar de dos películas de Disney pero odiar la última? Creo que el problema es necesitar una respuesta a esas preguntas, pues tal necesidad solo evidencia que se nos están olvidando dos circunstancias fundamentales.

Jar Jar Binks, por mucho, el personaje más criticado de toda la saga

Una es que sin importar cuánto amemos la saga completa o algunas de sus partes, cuántos lindos recuerdos nos traiga o cuántas personas especiales hayamos conocido gracias a ella, lo cierto es que no se trata más que de películas, material producido a partir de las decisiones de personas tan llenas de virtudes y defectos como cualquiera. Películas especiales y que nos importan particularmente, por supuesto, pero películas al fin y, como tales, van a depender de quién las haga, con qué intenciones y en qué momento. La verdad es que no tiene mucho sentido esperar total coherencia narrativa o un nivel invariable de calidad en tres trilogías producidas en tres épocas diferentes por distintos productores, directores y escritores.

La otra, la más importante, es que estas películas, como todas, dependen a su vez de quién las ve, desde qué contexto y con cuál criterio, por lo que también es válido esperar calidad, frustrarse al no recibirla y comentar lo que nos de la gana, todo bajo el profundo respeto que cada persona y sus razones parar disfrutar o no de algo merecen.

Rogue One fue el primer spin-off oficial de la saga

Polarizarse como audiencia y denigrar a los que piensan diferente es injustificable y, lamentablemente, cada vez ocurre con más beligerancia. Los ataques a Kelly Marie Tran por «culpas» de su personaje, Rose, o el abierto odio que se muestra en línea hacia la porción de la audiencia que esperaba un romance entre Rey y Kylo (los llamados «Reylos«) atestiguan un giro inaceptable hacia la toxicidad por parte del fandom, y son solo algunos ejemplos.

En lo personal, no dejo de preguntarme cómo llegamos a esto. Como alguien decepcionado por el Episodio IX, me toca aceptar que las cosas no salieron como esperaba y sí, es inevitable sentir que la confianza que invertí en Disney terminó siendo traicionada y nada menos que al final. Es duro, no podría negarlo, pero también es cierto que personas cercanas disfrutaron la película y que puedo alegrarme por ellas aunque no comparta su sentir. Así como puedo alegrarme porque alguien ame a un personaje que detesto o se aburra con mi episodio favorito, todo por una sencilla razón: con esas personas siempre tendré algo de qué hablar, o sea que la saga termina siendo una vía de comunicación y esa debería ser siempre la finalidad del arte.

Star Wars, como nosotros, es mucho más que extremos opuestos. No hay una forma apropiada de disfrutarla o de odiarla, pero sí una invitación a escucharnos entre nosotros y aprender de nuestras distintas percepciones. Probablemente es la única manera efectiva de crecer como fans y como seres humanos.

1 Comentario

  1. Definitivamente comparto mi odio por la última entrega, desilusión total y hasta rabia cada vez que recuerdo, jamás merecía terminar así.
    Recuerdo aún con emoción ver en el cine la frase icónica: En una galaxia muy lejana….
    y de ahí en adelante enganchado de Star Wars, me encanto este articulo por que tiene toda la razón la moneda tiene mas de dos caras.

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