Isao Takahata fue un visionario. Su carrera de más de 50 años en el cine de animación lo llevó a crear, trascender, experimentar y marcar la vida de muchísimos fans del anime y el cine en general. Su obra más aclamada, La Tumba de las Luciérnagas, que cumple 30 años en unos días, es de las favoritas de casi todos los amantes de la animación.

Sin embargo, Takahata no sólo fue uno de los mejores contadores de historias que han salido de Japón (lo cual es decir bastante). Su habilidad técnica y renuencia a apegarse estrictamente a las reglas lo llevó a innovar en prácticamente todas las áreas de la animación. Su narrativa adulta, madura, el realismo psicológico con que impregnó todas sus obras, la constante búsqueda de la complejidad visual, su exploración de los temas políticos y sociales y la violencia estilística que caracterizan la obra de Isao, se han convertido en características fundamentales del anime. Sin duda la cultura audiovisual japonesa no sería lo que es hoy sin el aporte de Takahata.

Su relación laboral y de amistad con Hayao Miyazaki, quizás el mejor conocido de la dupla fundadora de Ghibli, inició en la década de 1970. Luego de que Miyazaki lanzara su filme Nausicaä en el Valle del Viento, juntos decidieron fundar su propia compañía en compañía de Toshio Suzuki, y así nació uno de los estudios de animación más conocidos y queridos de todo el planeta. Las películas de Takahata incluso fueron nominadas dos veces a los premios Oscar.

Isao Takahata es un ícono y siempre seguirá siéndolo. Sus obras han marcado profundamente la vida de muchos, y esto es apenas una señal de que su memoria nunca morirá. Hoy es un día triste para la cultura geek y para el cine. Le enviamos nuestras más sinceras condolencias a sus seres queridos y a sus fans, y los invitamos a celebrar esta noche la vida de un gran hombre, viendo sus películas y recordándolo. Que descanse en paz.